Miedo a la islamfobia

Musulmanes en Francia se unen en rechazo a los atentados y piden por la paz

En las mezquitas francesas se leyó un comunicado en el que se llamó a la unidad condenando los ataques del pasado viernes.
sábado, 21 de noviembre de 2015 07:47
sábado, 21 de noviembre de 2015 07:47
Los musulmanes de Francia tienen miedo a la amalgama que los franceses como ellos puedan hacer de su religión, cuando se multiplican ataques en la calle contra mujeres con el velo o abusivas frases racistas en las mezquitas del país. No quieren que los estereotipos, la ignorancia sobre su religión y la islamofobia consigan lo que los terroristas pretenden con estos brutales atentados: dividirlos, enfrentarlos unos contra otros, hasta conseguir la guerra civil. Hay al menos 6 millones de musulmanes en Francia, aunque no están permitidas las estadísticas étnicas o religiosas en esta república laica.

En el primer viernes después de los ataques del ISIS, la movilización que ellos habían organizado no pudo realizarse "por razones de seguridad” en pleno estado de urgencia. Ellos saben que los jihadistas salafistas, ese islam puritano que promociona Arabia Saudita en las mezquitas que financia en los suburbios de las grandes ciudades francesas, no van a tener piedad con los moderados musulmanes y van a forzarles la mano con el terror. Como dijo en su sermón del viernes el teólogo e imán de Bordeaux, Tareq Oubrou: "La barbarie incalificable de los atentados nos interpela a todos. Nosotros no estamos al abrigo de esta violencia. Mañana o después, habrá algo aquí, en la mezquita. Porque yo creo que la próxima etapa son las mezquitas”, predijo.

Nada se puede descartar. La mayor cantidad de víctimas en manos del ISIS no fue solo la inocente juventud parisina, acribillada a mansalva en las terrazas de los cafés de los barrios burgueses bohemios de París o en el Bataclan, en una noche de terror. El ISIS asesina por igual musulmanes iraquíes y sirios, civiles y militares, en su guerra santa contra los que rechazan sus métodos brutales, su ideología.

"El terrorismo no tiene pensamiento, no tiene doctrina, no tiene proyecto”, dijo el imán Obrou a los 600 fieles que lo escuchaban en Bordeaux, en su día de oración. "El terrorismo ha matado más musulmanes que no musulmanes”, alertó. "Yo tengo la impresión de que el mundo musulmán sufre desde interior. Los musulmanes no tienen un software que les permita vivir normalmente con los otros”, alertó y los invitó "a cambiarlo”.

El dividido Islam de Francia se unió el viernes en una movilización general y sagrada para una oración única nacional, que no ahorró duras palabras para la visión teológica de los salafistas del Estado Islámico. El presidente del Consejo Francés del Culto Musulmán (CFCM), Anouar Kbibech, advirtió que el rezo es "una declaración de guerra a los males que nos roen en Francia y que seducen a los jóvenes musulmanes. Nosotros somos franceses de confesión musulmana, somos parte de Francia. Nosotros estamos atentos a lo que pasa. Nosotros rechazamos la negación y tomamos nuestra responsabilidad para conducir a los jóvenes al verdadero Islam”, dijo.

El tono del documento es muy diferente al pos masacre de los periodistas de Charlie Hebdo, donde el CFMC se inquietaba de la "estigmatización de los musulmanes” y llamaban a defender "valores universales y humanistas”."Ciudadanos franceses, nosotros somos un objetivo potencial de esta clase de masacres ciegas”, dijeron. Pero el punto más novedoso del documento es su ataque frontal al salafismo: "La ideología del odio de estos criminales terroristas, que son la encarnación actual de una ideología ancestral de un grupo de disidentes que ha combatido los compañeros del Profeta”.

El documento fue leído en los 2.400 mezquitas de Francia. "Nosotros, musulmanes de Francia, somos ciudadanos franceses completos, somos parte de la Nación y solidarios del conjunto de la comunidad nacional. Nosotros, musulmanes de Francia, proclamamos nuestra adhesión total a los valores de la república”, declararon, cuando el gobierno ha decidido una lucha frontal contra el salafismo y el islamismo radical.

El combate educativo y religioso sobre su juventud será largo para los musulmanes franceses. No deberían permitir que Qatar y Arabia Saudita financien sus mezquitas, exporten y paguen a sus imanes, que no hablan francés, sólo se expresan en árabe, desconocen los valores republicanos y el significado de la laicidad francesa. El Islam francés deberá fabricar una visión compatible con la vida en Francia, cerrar las mezquitas y centros salafistas, y combatir la ideología radical yihadista reinsertando a sus jóvenes desempleados y pequeños delincuentes de los surbubios para alejarlos de las tentaciones del yihadismo y el Califato. Un vínculo se ha generado entre los jóvenes adictos, con condenas por robos y trafico de drogas con los jihadistas, los traficantes de armas, que consiguen fusiles de asalto de la pasada guerra en las Balcanes, y los reclutadores del Estado islámico. Los neojihadistas son los más débiles en la estructura social de los suburbios, con familias desintegradas o condenas judiciales, y a los que copta Daech como carne de cañón para sus atentados terroristas, al convencerlos de que su nueva identidad no es Francia sino el salafismo y su religión. Como dice Hakim El Karoui, fundador del club siglo XXI, "dejamos que el veneno del salafismo se expanda. Por ignorancia colectiva de los textos sagrados, nadie es capaz de responder a su propaganda. Nosotros no combatimos la ideología jihadista”.

Los terroristas son franceses. Nacieron en las Cites, donde sus padres y abuelos aterrizaron cuando Francia desarrollaba su gran industria, antes de las deslocalizaciones a China y Polonia de la globalización, y se educaron en la escuela republicana francesa. Crecieron en esos territorios de "banlieue”, donde la pobreza es tres veces superior al resto del país. Allí la crisis económica dejó sin fondos a las asociaciones. Ese espacio vacío fue ocupado por los predicadores salafistas y su lenguaje de odio.

Centros de desradicalización, que fueron abiertos pero el Estado nunca pudo pagarles a los empleados, han sido anunciados nuevamente. Si no lo hacen, si no imponen la educación, si no consiguen la cohesión entre unos y otros, y empleo e inserción para una juventud perdida y peligrosamente aburrida en los halls de las torres desangeladas de las Cités, el riesgo es mas terrorismo. Con una grave consecuencia: los musulmanes moderados serían estigmatizados y confundidos por los que no conocen la religión y tienen miedo. La unión nacional, pedida por el presidente François Hollande, podría estallar en pedazos como consecuencia.

Fuente: Clarín.

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