Historia

Rocío, la "sanjuanina del milagro" para los médicos del Garrahan

Tras una larga espera y cadenas de oración, llegó un corazón de un ángel salvador, pero luego de la cirugía intentaron siete veces parar una hemorragia y no pudieron. Cuando no le daban más esperanzas a su madre, el sangrado paró y hoy los médicos no se explican su milagrosa recuperación.
domingo, 29 de julio de 2018 20:16
domingo, 29 de julio de 2018 20:16

Su corazón no daba más, la tenían que conectar. Esa fue la noticia que los médicos del Garrahan le dieron a Viviana Marin sobre su hija a fines de marzo, pero la travesía comenzó mucho antes. Casi un año antes, Rocío Marisa Ayelén Herrera Marin, una joven caucetera de en ese entonces apenas 14 años, se descompensó por primera vez. 

Tras muchos estudios, determinaron que tenía Miocardiopatía Restrictiva Hipertrófica Biventricular, en palabras simples, la parte derecha de su corazón no estaba funcionando. Ese músculo al que se le atribuyen tantas capacidades metafóricas como la de amar, le estaba jugando una mala pasada, y no había vuelta atrás. La única solución era un trasplante. 

Rocío junto a su doctora.

En diciembre del año pasado entró en la lista de emergencia nacional, y tres meses después la falla era tan grande que los médicos tuvieron que hacerle un cateterismo. A los dos días, cuando pensaron que todo estaba perdido, recibieron la llamada que tanto habían esperado: tenían un ángel donante.
Hoy, a cuatro meses de ese gran día, madre e hija abrieron la puerta de la habitación de hotel en la que residen desde aquel entonces para dialogar con Diario La Provincia y revivir la historia a la que los médicos del Hospital Garrahan califican de milagro.

El sábado 24 de marzo, a la una de la mañana llegó su corazón nuevo. “Tras cinco horas de trasplante el médico salió y me dijo: no sé cómo su hija podía caminar, tenía el corazón destrozado. Todo salió bien pero después se fue complicando. Tenía una pérdida de sangre que no era normal. A las 7 de la tarde del día sábado me llaman para decirme que la iban a bajar a quirófano porque la sangre que le ponían pasaba de largo. La bajaron 7 veces a quirófano para lavar y tratar de encontrar la herida por la que perdía la sangre”, comenzó Viviana su relato.

“A las 11 de la noche me dijeron que me fuera a dormir pero nunca me moví de ahí. A las 2.30 de la mañana me empezaron a llamar y nunca me esperé lo que me iban a decir: no había nada más por hacerse, la habían tapado los ojitos, ya le habían puesto 25 litros de sangre y no encontraban por dónde se filtraba. Me dijeron que su corazón parecía un colador, pero que su cirujano estaba en camino y que le iba a dar la última mirada, aunque pensaban que no había forma de solucionarlo. Empecé desesperada a los gritos, le gritaba a mi hija a Dios, les decía que habíamos ido caminando y que así la quería sacar de ahí, que no me dejara sola. Había como 30 médicos que me abrazaban, solamente me pedían que rezara mucho”, recordó la desesperación del momento.

Rocío junto con parte del equipo médico: Ignacio Berra, Horacio Vogelfang, Luis Quiroga y Gustavo Sivori.

Fue en ese momento en el que aconteció un hecho que los especialistas no pueden atribuirlo a otra cosa que no sea a la intervención divina. “A las 6.30 de la mañana me llama el médico y me cuenta que había parado la sangre. Fue un milagro. Los médicos hasta el día de hoy, cuando ven a Rocío dicen que es el milagro que hubo en el Garrahan. Todos corren a verla y abrazarla”, aseguró la madre. 

Estuvo entubada una semana en un coma inducido. En Semana Santa despertó. “Tuvimos un sábado de Gloria de mucha bendición, y a partir de ahí, lentamente comenzó la recuperación. De Terapia Intensiva pasamos al SIM 62 que es como la terapia intermedia, pero para trasplantados. Antes del mes le dieron el alta ambulatoria por el miedo a los virus hospitalarios”.

Imagen del día memorable en el que Rocío recibió el alta.

Cuando ya se encontraba feliz en el hotel comenzando a transitar una vida un poco más “normal”, volvió la tormenta. “Tuvo un rechazo, y luego de varios estudios le hicieron un nuevo cateterismo. Lo agarraron muy a tiempo, pero a la semana el corazón no arrancaba. Volvieron a hacerle un cateterismo, fue como empezar de nuevo. Hicieron interconsultas con el Favaloro y hasta con Estados Unidos. Finalmente, con una pastilla, arrancó el corazón y desde hace un mes está funcionando bien”. 
Si todo sigue su curso, en diciembre podría estar regresando a San Juan con sus seres queridos. 

 

La nueva vida en primera persona
Rocío es una mujer nueva. Desde la última vez que dialogó con este medio se transformó en una chica extrovertida, sin problemas para contar todo lo que siente, y con muchas ganas de estar al aire libre. Pero los primeros días de este renacer no fueron sencillos.

“Antes del trasplante yo me sentía bien, podía hasta caminar. Cuando me dijeron que había llegado el corazón lo tomé con mucha tranquilidad porque sabía que era algo que iba a pasar. Apenas me desperté me sentí muy rara. Era como un bebé, tenía que aprender todo de nuevo, a sentarme, a caminar, a comer, a hablar porque el tubo me afectó las cuerdas vocales, incluso se me desarrolló diabetes. Al principio estaba débil y sentía claramente mi propio pulso”, recordó Rocío.

La información que tiene sobre su donante es mínima, pero asegura que su cuerpo le da señales que hacen que piense que era una persona que se cuidaba mucho ya que ahora disfruta las comidas sin sal y que disfrutaba de realizar deportes.

“Los médicos no me querían decir mucho a lo que estuve complicada. Tengo el presentimiento de que era un hombre y parece que era deportista. Todo el tiempo tengo ganas de salir. Me han dado una tarjeta para poder andar en bici con las que te presta la Ciudad de Buenos Aires. Me dan muchas ganas de correr, y jamás me pasó”, contó todavía asombrada.

Gracias a la intendencia de Caucete, las hermanas de Rocío llegaron hasta Buenos Aires para verla después de casi un año.

La lista de agradecimientos de parte de la familia es interminable. “Nos tocó un equipo médico increíble. En la UCI 35 (Unidad de Cuidados Intensivos), el doctor Charrosqui nunca se movió del lado de mi hija y los médicos tampoco. Gisela Abad, la secretaria de trasplantes, Marcela, Sami, Luján, Rolando, Dios me puso en mi camino a mucha gente. A Lucía y Patricia Caiña de Continuar Vida. Estoy muy agradecida también con mi provincia con Desarrollo Humano, la Casa de San Juan en Buenos Aires, el personal del Hospital Rawson, de CUVHONI, INAISA, al intendente de Caucete y Carina Solar que le pagaron los pasajes para que sus hermanas pudieran venir unos días a visitarla y eso generó un cambio muy grande en Rocío. Las cadenas de oraciones fueron muy impresionantes y de todos lados”, sentenció Viviana.


Su historia
El 14 de mayo del 2017 fue una visagra en su vida. Ese día se desmayó por primera vez, y a partir de ahí, todo se transformó en una eterna espera por recuperar su vitalidad. "Empezó con una descompensación. La llevé al César Aguilar, pero me la devolvieron a casa. A la media hora le volvió a dar, se desmayó, la volví a llevar, le hicieron un electro y en minutos la trasladaron hasta el Rawson", recordó la mamá Viviana Marin. A partir de ahí quedó internada por seis meses en San Juan.


El segundo golpe fue el 29 de julio, con el fallecimiento de Rafael Herrera, su papá. Otro guerrero que peleó contra el cáncer por más de diez años, y que pese a que ya sabían que iba a tener ese desenlace, igualmente la afectó anímicamente.

El festejo de los 15 años es una tradición latina con la que la mayoría de las chicas sueña. Rocío los cumplió mientras estaba entre las paredes del nosocomio. Sin embargo, no fue un momento triste, todo lo contrario ya que entre el personal del hospital, su familia y las voluntarias de CUVHONI le hicieron el merecido festejo. 

Viviana y Rocío, la primera vez que recibieron en su hotel a Diario La Provincia, a mediados de febrero.

En octubre llegaron a Buenos Aires para hacerle un estudio más complejo, y allí encontraron que su condición era un poco más grave de lo que se creía. Toda la parte derecha de su corazón no le funcionaba, por lo que empezó un tratamiento con medicación, que entre otras cosas, disminuía la presión de los pulmones.  Ese mismo mes entró a la lista de emergencia nacional en espera del órgano que finalmente llegó a fines de marzo.

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