El gran hermano

Desde el Estado argentino cada vez se practica un mayor control en las actividades de las empresas y los empresarios.
domingo, 14 de julio de 2013 08:51
domingo, 14 de julio de 2013 08:51

Por Raúl Moreno. Contador Público. MBA

Tal vez, la obra cumbre del escritor inglés George Orwell, que vió la luz a mitad del Siglo XX, fué aquella crítica al totalitarismo y a los gobiernos autoritarios, que vigilan excesivamente a sus ciudadanos, controlando toda la información, llamada "1984”.

 En dicha novela, el personaje principal era un ente que no aparecía nunca pero custodiaba celosamente el comportamiento de los habitantes. Su nombre era un secreto pero se lo conocía con el seudónimo de "Big Brother” ("Gran Hermano”).

 Salvando las distancias, desde el Estado argentino cada vez se practica un mayor control en las actividades de las empresas y los empresarios.

 Ya sabrán que el órgano de control más poderoso por estos días lo representa la AFIP, cuyas habilidades no sólo se limitan a recaudar los ingresos públicos sino que avanzan en su tarea de fiscalización para determinar, además, cuál es la capacidad que tienen los ciudadanos para comprar moneda extranjera, mediante fórmulas celosamente custodiadas que nunca jamás han sido develadas, como si se tratara de la fórmula de la Coca-Cola.

 Otra de las herramientas más desarrolladas últimamente son las "presunciones”, por las cuáles se establece una serie de parámetros para determinar, entre otras cosas, si tenemos o no empleada doméstica en casa.

 Este organismo del Estado no sólo se vale de la tecnología, hay 300 perros adiestrados para detectar a aquella persona que pretenda sacar dinero del país eludiendo los controles.

Pero, no todo queda en el poder de la AFIP, las distintas secretarías han ampliado su poder y, desempolvando viejas normas de control, el gobierno ha buscado limitar los precios máximos de varios productos que se ofrecen en el mercado.

 Si un exportador no cobra sus ventas, deberá ingresar las divisas más una multa del doble de ese importe, por no ingresarlas a tiempo, como si estas variables siempre estuvieran exclusivamente bajo su órbita.

 A su vez, el gobierno comienza a establecer en qué momento deben vender la producción los productores de granos, cuánto vale como mínimo su producto, en cuántos días están obligados a liquidar las divisas correspondientes, en qué moneda van a cobrar y cuál va a ser el valor de esa moneda y de la moneda paralela que no cotiza en el mercado formal.

 Lo que en cualquier mercado del mundo occidental pudiera parecer excesivo, en nuestro país ya se ha convertido en práctica frecuente.

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