La historia de Emilia Miranda conmovió a San Juan desde su nacimiento. La pequeña, que había nacido el 14 de enero, enfrentó desde el primer día una compleja situación de salud que mantuvo en vilo a su familia durante meses de internación en un sanatorio de la provincia. Lamentablemente, murió en Buenos Aires, a la espera de una complicada cirugía cardiológica.
En mayo, su mamá, Mariana López, había relatado en diálogo con Diario La Provincia SJ la difícil batalla que atravesaban y la esperanza puesta en una cirugía de alta complejidad en Buenos Aires. En aquel momento, la familia se preparaba para un traslado en vuelo sanitario al Hospital Italiano. Fue allí, en el renombrado nosocomio en Buenos Aires donde la pequeñita falleció, tras complicaciones pulmonares, y acompañada de sus papás. Su historia había movilizado a San Juan, tras una campaña para apoyarlos económicamente.
La beba había sido diagnosticada al nacer con síndrome de Down, cardiopatía congénita, hipertensión pulmonar y ano imperforado, una noticia que impactó a la familia. “Nos enteramos de todo el mismo día que nació. No estábamos preparados para nada de esto”, expresó su mamá.
Una lucha desde el primer día de vida
Desde sus primeras horas, Emilia debió permanecer internada y con asistencia respiratoria. A los pocos días fue sometida a una cirugía de urgencia. “La tuvieron que operar porque no podía eliminar materia fecal. Nos dijeron que había muchas probabilidades de que no saliera con vida porque estaba muy grave”, recordó Mariana en aquella entrevista.
Con el paso del tiempo, la pequeña y fuerte Emilia logró atravesar distintas intervenciones, entre ellas una traqueotomía, que permitió mejorar su respiración. Sin embargo, su cuadro cardíaco seguía siendo crítico y requería una cirugía de mayor complejidad.
“Nos dijeron que acá ya se había hecho todo lo posible y que necesitaba sí o sí el cierre del agujerito del corazón para poder evolucionar”, relató su madre, mientras la familia aguardaba la derivación.
En medio de la incertidumbre, Mariana sostenía su fe como pilar emocional. “Desde el primer momento se la entregamos a Dios. Le pedimos que, si ella se quedaba con nosotros, pudiera tener una buena calidad de vida”, había expresado.
La madre también había reflejado el impacto emocional del proceso: “Fue una bebé muy buscada. Uno espera un hijo con amor y encontrarse con algo así duele muchísimo. Nunca pudimos disfrutarla en casa. Pero seguimos luchando al lado de ella”.
La historia de Emilia dejó una huella profunda en San Juan, atravesada por la lucha, la esperanza y el acompañamiento constante de su familia en cada etapa de su corta vida.
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