Historia

A 72 años del terremoto en La Rinconada: "luces en el cielo y fuertes bramidos" del horror

La fatídica noche del 11 de junio de 1952 marcó un nuevo capítulo en la historia de San Juan, rememorando la tragedia de 1944. Ese día el sismo provocó 2 muertos.
martes, 11 de junio de 2024 00:00
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La noche del 11 de junio de 1952, la tierra en San Juan volvió a estremecerse, evocando los recuerdos dolorosos del devastador terremoto ocurrido en 1944. Esta vez, el epicentro se situó en la "falla de La Rinconada", en el departamento Pocito, desencadenando un sismo de 6.8 grados en la escala de Richter a 12 km. de profundidad, que sacudió la región con una intensidad que alcanzó el nivel VIII en la escala Mercalli, provocando pánico y destrucción en su estela.

Los habitantes de San Juan, aún marcados por la tragedia ocurrida apenas ocho años antes de ese año, fueron testigos una vez más de la furia desatada de la naturaleza. Esta vez, el terror se propagó por los departamentos de Pocito, Zonda y Ullum, afectando gravemente localidades como El Abanico, Villa Aberastain, La Rinconada en Pocito, Carpintería y Zonda.

Los relatos de la época describen una noche envuelta en miedo y desesperación. Aunque no llovió, los testigos afirmaron haber visto misteriosas luces en los cerros circundantes y haber escuchado terribles bramidos, como si la tierra misma se quejara de su sufrimiento.

Para muchos sobrevivientes del terremoto de 1944, esta segunda catástrofe fue un golpe demasiado familiar. Las casas, muchas de ellas reconstruidas con esfuerzo después del primer desastre, volvieron a desplomarse, dejando a las familias en la oscuridad y la desolación.

A pesar de la rápida respuesta del Hospital Rawson, que atendió a decenas de heridos, y del apoyo recibido desde el gobierno nacional, encabezado por Juan Domingo Perón y Eva Duarte, la provincia de San Juan enfrentaba una realidad desoladora. Aunque se habían iniciado esfuerzos para reconstruir con normas antisísmicas, las zonas rurales seguían siendo vulnerables a la furia de la naturaleza.

El sismo de 1952 sirvió como un llamado de atención urgente. La necesidad de construcciones más resistentes se volvió evidente, pero la implementación completa de medidas preventivas aún estaba lejos de alcanzarse.

La "falla de La Rinconada", donde se originó el sismo, permaneció en calma desde entonces, pero su recuerdo sigue siendo un recordatorio constante de la fragilidad humana frente al poder de la naturaleza.

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