Historia

Rodolfo Morales, el héroe de Malvinas que alimentó a los soldados: "los recuerdos duelen"

Rodolfo es sanjuanino y estuvo en el área de logística asistiendo con comida a los combatientes. El dolor de sus recuerdos a 42 años de la gesta.
martes, 2 de abril de 2024 00:00
martes, 2 de abril de 2024 00:00

La mirada se vuelve melancólica, la voz pausada como intentando no perder detalles. Hace 42 años, Rodolfo Morales vivió uno de los momentos más duros de su vida: la gesta de Malvinas. Es sanjuanino y hoy tiene 70 años de edad pero en su memoria se mantiene vivo cada recuerdo de aquellos duros tiempos.

En este 2 de abril, día en el que se recuerda a los Veteranos y Caídos de Malvinas, el héroe sanjuanino elige recordar a sus compañeros y cada suceso ocurrido como un acto enorgullecedor. “Me acuerdo de todos los entrenamientos que teníamos previos. Yo no era uno de los más chicos pero tampoco de los más grandes. Tenía 20 años, había llegado hace unos meses al Campo de Mayo desde Rodeo. Era un mundo nuevo para mi. Sin embargo, tuve momentos muy lúcidos de lo que sucedía en ese momento”, comenzó explicando a Diario La Provincia SJ

Rodolfo Morales era cabo y perteneció al Área de Intendencia del Campo de Mayo ubicado en Buenos Aires. Comenzó su carrera militar a los 20 años y siguió el camino de la orientación logística “por su forma de ser y su manera de pensar”. Sin embargo en aquellos años, nunca pensó que debería utilizar todos esos conocimientos aprendidos en una brevedad de tiempo... y en la guerra. 

En el relato de Morales no puede escapar el recuerdo de sus compañeros, de las noches frías en las que cada uno de ellos recurría a donde él se hospedaba para pedirle un poco de comida. Todo, un mes antes de que la toma de las Islas Malvinas fuera finalmente llevada a cabo. 

Cuando todo estalló, Morales fue uno de los primeros en saberlo de su área y es que se había ganado el respeto y el cariño de uno de los Sargentos que recordará para el resto de su vida. “Lo que nos parecía extraño en realidad, era que a gente de Intendencia nos hicieran entrenar como al resto de las áreas, entonces, comencé a escuchar cosas. Unos días antes de que marzo terminara ya se rumoreaba que íbamos a salir, ninguno de nosotros sabía a donde”, contó recordando uno de los momentos que cambiaría su vida para siempre. 

De un día para el otro estaban preparándose para arribar en las Islas Malvinas y, si era necesario, dejar su vida en esas tierras. “Lo que yo pensaba en ese momento era todo alegría, por otro lado, tenía en cuenta que éramos todos unos pibes. Había chicos que apenas habían cumplido los 18 y ya estaban ahí. Sin embargo, el primer día cuando llegamos y bajamos la bandera de los ingleses, supimos que estábamos todos comprometidos. Hasta el día de hoy no logro olvidarme las caras de mis compañeros, con el pecho inflado porque sabíamos que haríamos historia y que pelearemos hasta el final”, aseguró sonriendo yendo hacía al pasado. 

El problema comenzó cuando la comida se acababa para los soldados. Morales que fue destinado a estar en su área, donde no combatía, era el encargado de preparar la comida junto con dos de sus soldados a cargo: Raul y Aimé, quienes también venían del interior del país.  

Ellos dos fueron quienes me ayudaron a cocinar y a estar informado también sobre lo que sucedía afuera. Lo que pasaba es que quienes dormían en los pozos no lograban tener los suficientes suministros para la cantidad de energía que perdían. Además había otros factores. Mientras que nosotros cocinamos para todos, la comida no les llegaba”, recordó Morales para luego agregar: “Un día cansado de los malos comentarios hablé con uno de los superiores y les dije que tenía ganas de ir junto con Aimé y Raul a darles de comer. De paso, evalué sus condiciones. Cuando llegué eran soldados desnutridos. Entonces me encargué de cada día trasladarme en el Gip para darles el almuerzo, después les comencé a decir que pasaran en la noche por la casa donde nos estábamos quedando que era dentro del pueblo. Así fue como conseguí ayudarlos”. 

Mientras que los días pasaban y con ellos los ataques, los soldados iban cayendo. “En total, perdí a 12 de mis compañeros, 12 amigos a los que podía ayudar. Racionando la comida, llevándolos hacía la casa para que descansaran pero al final hasta yo terminé en el combate pese a ser del área de logística. Todos los recuerdos me duelen, cada día de mi vida”, dijo entre lágrimas pero mostrándose aún orgulloso de ellos. 

Morales volvió en el 2020 a las tierras que marcaron su vida: “fui el último de mis compañeros. No quería ir porque me parece absurdo tener que sacar un pasaporte para poder viajar hacia nuestras tierras. Es como tocar la puerta de tu misma casa cuando tenes hasta la llave, pero en fin, fui. Apenas puse un pie me acordé de la cara de todos ellos, los que se fueron y los que quedaron. Éramos unos pibes. Entre ellos un sanjuanino, tenía mi edad, había sido papá y no pudo conocer a su bebé. Murió en el primer bombardeo”, finalizó entre lágrimas. 

A todo esto, recorrió donde estaba el campamento, su antigua casa y hasta donde había cavado su pozo. Hoy en día, es lo que ocupa sus pensamientos. Fiel a su pueblo, a su origen y a su tierra. Morales lleva a cada uno de sus compañeros en su corazón pero también en su memoria. 
 

Comentarios