Historia

Ricardo y Ángel, los amigos que conquistan con su música en la peatonal

Son amigos desde hace décadas y desde hace un año ambos comparten la peatonal cantando para vivir.
martes, 20 de julio de 2021 00:00
martes, 20 de julio de 2021 00:00

Ricardo Daniel Ramos tiene 63 años. Ángel Quinteros, 66 años y se conocen desde hace más de medio siglo. Ambos aman el tango sobre cualquier otro ritmo y junto a sus melodías alcanzaron a cumplir los sueños. Hoy los dos son más que amigos, son hermanos de la vida. 

La pasión por la música los lleva a compartir horas en la peatonal, haciendo frente al frío o al calor, en medio de la pandemia. Es que decidieron vivir de lo que más los apasiona y con sus voces, alegran a los peatones, complementándose. "La amistad significa todo, es compartir, andar, y la música nos une. Hay mucha gente que se para a escucharnos. No nos conocemos pero la música con el público también nos une", destacó Ángel a Diario La Provincia SJ.

Él es conocido también como "La voz del tango de San Juan" y de la mano de éste recorrió el país acompañando a diferentes cantores tangueros. Su guitarra es su gran compañera y la define como el "instrumento más noble". Si bien esta pasión la empezó cuando tenía 5 años, nunca vivió de la música hasta ahora.    

"Soy pintor y constructor pero por la pandemia, dejé de trabajar. Hace un año Ricardo me trajo acá porque no había laburo y empecé a vivir de esto. Todos me dieron una buena aceptación y hace un año que toco acá, sólo o con él", explicó destacando que vive esto como un verdadero trabajo y por eso cumple horarios para ir a tocar a la peatonal: de 9 a 12 y de 17 a 20 horas.

Con Ricardo Daniel se conocieron cuando eran muy chicos y se hicieron amigos. Como cualquier amistad, hubo altibajos que los llevó a estar juntos o distanciarse, pero el afecto siempre se mantuvo. "Yo conocía al padre de él, recuerdo que le decía 'podría haber tenido otro hijo' y se reía. Nosotros nos divertimos, peleamos, tocamos juntos y ahora trabajamos a colaboración", relató.

A medida que él habla, Daniel lo escucha atentamente y con una mirada melancólica. En su caso, el camino de la música la comenzó a transitar desde que tenía 3 años de la mano de su padre: Ricardo Mateo Ramos. Él trabajaba en LV1 Radio Colón, donde cantaba tango, en la década del 70.

Sus tíos y abuelos también eran músicos y entre todos lo fueron orientando por ese camino. "Recuerdo que agarré la guitarra de mi papá y luego él me enseñó las primeras notas hasta que aprendí. Con 9 años ya cantaba tangos en Grandes Valores del Tango, donde estaba Susana Falasca", expresó.

En aquel baúl de los recuerdos, Ramos trajo a la memoria cuando participó del casting de aquel programa en Buenos Aires y quedó elegido entre 1.500 niños. "Recuerdo que quedé, había ido a pasear y quedé. Mi papá estaba acá en San Juan y no sabía nada. A Buenos Aires fui con mi mamá a la casa de unos tíos y primos y nos arriesgamos a ir al casting", destacó.

Él egresó de la escuela de Enología y fue tenor del coro universitario, tuvo conjuntos musicales con figuras como Benito Tapia, Abelino Cantos padre. Hoy elige la vida musical para vivir haciendo frente a la pandemia.

Al escucharlo, Ángel destacó que su inicio fue diferente. Es que su padre no quería que se dedicara a la música pero la pasión llegó de la mano de su madre que le regaló una guitarra cuando tenía apenas 5 años de edad. "Ella quería tocar y nunca aprendió, entonces yo agarré la guitarra y aprendí como autodidacta, aunque uno nunca aprende solo, siempre hay alguien que me pasaba notas", confesó.

"Yo tocaba en la habitación y mi padre le decía a mi madre 'por qué compraste la guitarra, este saldrá manguín. Después cuando crecí instrumentalmente mi padre me apoyó mucho. Tal es así que somos 14 hermanos y todos terminamos cantando o haciendo música", destacó entre risas.

Las vueltas de la vida hicieron que Ángel y Daniel tuvieran muchas coincidencias. Ambos son padres, cada uno de una hija, y están divorciados. "Acá donde nos ve, no nos gusta tomar vino ni alcohol", destacaron entre risas, haciendo valer que la amistad es estar siempre presente cuando el otro lo necesita.

 

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