Historia

Olga, la sanjuanina que impulsa "Pituca", uno de los tradicionales comercios de San Juan

La mujer es propietaria de Pituca, hace ya 26 años, aunque pertenece a la firma algunos años más. Atravesando la pandemia, repasa su historia y demuestra el amor por ser comerciante en San Juan.
sábado, 10 de julio de 2021 10:30
sábado, 10 de julio de 2021 10:30

Este 10 de julio se celebra en Argentina el Día del Comerciante, y en San Juan son muchos los empresarios "con historia" que llevan con orgullo ese título. Una de ellos es la propietaria de la reconocida tienda de medias y lencería, "Pituca", Olga Hilda Segura, que tiene la firma hace 26 años junto a su esposo, después de hacer sido empleada y encargada del lugar. 

Hoy, la mujer y su equipo de vendedoras, atraviesan una vez más, un difícil momento por la pandemia, pero así como su trayectoria se encuentra marcada por la resiliencia, tiene fe del futuro que puede seguir construyendo de la mano de Pituca. 

“Yo trabajaba en otro comercio en 1984, que en aquel entonces era la competidora, ahí tenía una amiga que trabajaba en Pituca y siempre le decía, cuando puedas, quisiera trabajar ahí, me gustaba mucho la casa, la gente… y se dio la oportunidad. Necesitaron a una persona así que renuncié a mi trabajo donde estaba efectiva y entré, fue jugarse todo. Ahí comenzó”, comenzó relatando la empresaria, comprometida en medio de una tarde de trabajo "movido", a Diario La Provincia SJ. 

En sus comienzos, Olga fue una empleada más de la casa y en una época en la que el negocio cerró, junto a su esposo aunaron esfuerzos para adquirir a firma a Don Raúl Fernández, propietario hasta entonces a quien recuerdan con cariño y admiración.

“Nos ofreció el negocio a las empleadas pero había que tener un dinero y no se podía, entonces cerró en 1994. Mi esposo justo había cobrado un dinero y con algo de mi indemnización, lo pudimos adquirir, eso fue en 1995”, recordó la mujer que para entonces ya había adquirido más de 11 años de experiencia en ese tipo de ventas. “Desde que entré, me gustaba todo, las chicas que estaban, el negocio que en aquel momento había de todo como lanas, blanco, ropería, lencería, mediería, todo. Me seducía el negocio”, recordó. 

Y agregó sobre el local ubicado en Calle Tucumán pasando Avenida Libertador: “Cuando pasó a mis manos, comenzamos con un negocio muy chiquito más allá de que el nombre era muy grande. Después pudimos alquilar un local más grande y posteriormente éste que tiene sótano, además del de la Galería Estornell. Una de las chicas sigue trabajando con nosotros, las otras no pero nunca perdimos el contacto, ahora tenemos un grupo de WhatsApp”. 

Olga supo atravesar difíciles momentos en su vida personal, casi al mismo tiempo que ocurrían las grandes crisis económicas en el país. Uno de ellos fue la pérdida de su hijo con tan sólo tres meses de vida, amor que lleva en su corazón y que en la cotidianeidad le da la fuerza para continuar, pese a cualquier virus o crisis que surja. 

“Vivimos muchos momentos difíciles porque nos costó mucho, cuesta mucho mantenerse. La crisis del 2000 fue terrible, en aquel tiempo perdí a mi hijo, el negocio no estaba bien y nos pasaron muchas cosas, aparte de esa pérdida que nos sucedió desde lo personal. Volvimos a empezar porque económicamente estábamos mal pero hubo muchas empresas que nos ayudaron, si bien no estábamos bien, ellos sabían que éramos buena gente y por eso estoy eternamente agradecida, nos aguantaron mucho. Es algo que hay que vivirlo para saber lo que se agradece”, rememoró. 

“Tuve mellizos y se me fue el varón, pero mi esposo, mi hija y mi madre me impulsaron a seguir y uno se repone de a poco”, reveló sobre lo que fue, sin dudas para ellos, el golpe más desgarrador. “Después nos comenzamos a reponer pero vino la otra crisis y así, pero siempre con sacrificio repuntamos. Tener un negocio más grande y con más espacio nos permitió atender de otra manera, muchos más cómodos”. 

Con la pandemia, aquellos sentimientos de lucha anclados siempre a su negocio, volvieron a aparecer y le recordaron el miedo que sintió en muchas ocasiones. Sin embargo, positiva, como la encuentra cada cliente que llega a Pituca, Olga siguió apostando a ese local que ya es parte de su historia y que amo desde el primer momento, para sortear cualquier dificultad. 

“El sentimiento que apareció fue el de siempre, el de lucha. En 2020 fue un mes difícil porque el alquiler corría y los sueldos igual, y no había entrada de dinero. Por suerte después abrimos y fue justo entrando al invierno que es cuando tenemos muy buenas ventas, entonces eso fue un respiro. Siempre tenemos que agradecerle a los clientes porque nunca dejaron de venir y nos apoyaron, la estamos pasando de esa manera”, reveló con orgullo. 

De hecho, ella, junto a su esposo Juan Antonio Adem, a quienes a diario se lo ve en la caja del local, continúan atendiendo su propio negocio, apostando a la experiencia y disfrutando del cariño de la gente; hoy más cuidado que antes, por el coronavirus. 

“El deseo de querer continuar atendiendo sigue latente, tanto en mi esposo como en mí. Me gusta mucho la venta, hay gente que me dice “Pituca” o “Doña Pituca” de tantos años, pero es lindo. No niego que a veces se torna cansado porque ya no son las mismas pilas las que se tienen, pero me gusta y es mi fuente de trabajo, y no se puede quedar, hay que renovarse permanentemente”, dijo convencida. 

Como aprendizaje, asegura que Pituca le dejó mucho más de lo que cree, y las situaciones vividas en su vida también... 

“Mi hijo y mi padre me dejaron muchas ganas de luchar, mi hijo, pese a que era tan chiquito luchaba minuto a minuto por vivir y respirar, por estar acá. Hoy, ese es el mensaje que yo doy, el no dejarse caer, en los momentos más difíciles como este de pandemia, hay que continuar adelante y ver el vaso medio lleno, porque no queda otra, por nosotros, por la familia y por quienes están a nuestro lado. Ser positivo es difícil porque a veces las cosas no salen como uno quiere, pero siempre hay que seguir con los mejores sentimientos para los demás también”, finalizó Olga. 

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