Historia

Antonio, toda una vida dedicada a servir a Cristo en la Basílica de Desamparados

Antonio Ruiz tiene 79 años de edad y es muy querido en la comunidad católica. Cuando era chico salvó su vida de milagro y hasta el día de la fecha es muy agradecido a Dios.
viernes, 2 de abril de 2021 15:00
viernes, 2 de abril de 2021 15:00

Sus manos revelan los duros años de su vida y su mirada el amor que siente por el lugar. Sus ojos se llenan de lágrimas cuando recuerda cómo empezó su fe y su relación con la iglesia. Fue después de que su vida estuviera pendiente de un hilo con apenas días de nacido. Antonio Ruiz tiene 79 años de edad y cuando tenía 16 días de vida tuvo que pasar por un quirófano de urgencia. 

Ese hecho marcó a su familia. El temor al peor desenlace llevó a que sus padres lo bautizaran antes de ser operado de emergencia y si bien logró sobrevivir, todos sintieron que el camino estaba marcado. A medida que cuenta lo que vivió la familia por aquel tiempo, sus ojos se llenan de lágrimas y la voz se entrecorta. Es mucha emoción contenida y a su edad, hoy trata de contenerla.

"Fue muy fuerte", dijo lentamente a Diario La Provincia SJ a medida que recordó a sus padres y el amor que les tenía. Por ese amor y por lo que encontró en Cristo, siempre estuvo cerca de la parroquia. En el año 1949, cuando tenía apenas 7 años de edad comenzó su devoción a la Virgen Pobre, cuya imagen tallada había sido traída por el padre Pérez Hernández desde España. 

"He pasado toda mi juventud acá adentro. La primera novena de la Virgen Pobre la hizo el padre Pérez Conca, un sacerdote español que estaba en el Valle, y que había sido invitado por el padre Pérez Hernández", comenzó recordando Antonio y agregó: "En 1949 no existían los equipos de sonido ni los coros cantados con micrófonos. El padre Pérez Conca salía caminando por los pasillos mientras celebraba la novena. Era el templo de emergencia y en una noche de novena pasó cantando por mi lado, me agarró de la mano y me sumó. Ahí empecé en la Acción Católica".

Cuando él era chico, aquella parroquia "era un campo lleno de piedra y no había nada". El primer templo era de adobe y caña cuyo frente daba a la plaza pero un incendio lo consumió. Luego llegó el segundo templo pero la construcción era tan precaria que nuevamente fue volteado y "no quedó nada".

En forma provisoria se construyó uno que estaba detrás del altar, con frente a la avenida Libertador y allí construyó Antonio los cimientos de la fe que ahora para Semana Santa se renuevan y refuerzan.

Si bien en más de una ocasión fue tentado para seguir el camino del seminario y los hábitos, él decidió formar una familia. Se casó y tuvo 3 hijos que adora y que le dieron 5 nietos.  

"Siempre estuve acá, trabajando, colaborando con lo que hace falta, con lo que se necesita. Hice mi primera comunión, mi confirmación, me casé. Para mi Jesús no es sólo decir 'es todo' porque eso es muy normal escuchar en la gente. Yo lo encontré como un ejemplo a seguir e intento hacerlo. Si las cosas me salen bien o mal, siempre las pongo en manos de él. Soy bastante Mariano", señaló.

La vida de Antonio no fue nada fácil. Comenzó siendo repartidor, primero de Cinzano y luego de una empresa de bebidas. Luego en el año 1972 vivió en Buenos Aires con su familia pero la dictadura lo zamarreó y decidió regresar a San Juan en 1976 con una mano atrás y otra adelante.

Sin embargo Dios siempre estuvo ahí y un amigo que estaba trabajando en la empresa La Positiva le tendió una mano y logró entrar a trabajar como chofer de colectivo. Allí se desempeñó durante 24 años hasta que se jubiló.

"Todos los días viajé acompañado por Dios. Tenía por costumbre, cuando me subía en el vehículo, decirle a Dios 'ese asiento es tuyo'. Cuando recibía el colectivo, salía de la empresa y le decía a Dios: 'el primer asiento es tuyo'. Luego cuando terminaba el viaje le decía 'gracias por acompañarme'", recordó sin poder contener la emoción que vuelve a su relato una y otra vez. 

Antonio asegura que "trata de hacer las cosas como él quiere" y por eso siempre está presente en la comunidad católica y en la basílica. "Jesús fue crucificado por mis pecados. Todos los días está pendiente de uno. A veces ni te das cuenta", finalizó lamentando que los tiempos hayan cambiado tanto en estos años y que los jóvenes no sean tan sanos como eran antes pero confía en que Dios sabe lo que hace y marca los rumbos de la historia.

Galería de fotos

Comentarios