Historia

Era cadete de policía, perdió un brazo y necesita una prótesis: "venimos con un destino marcado"

Belén Molina sufrió un choque en octubre del 2019, en el que perdió su brazo. Un año después el Wey pasó por la misma situación y las palabras que él daba eran motivacionales para ella. Hoy sueña con tener una prótesis.
viernes, 16 de abril de 2021 00:00
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Sus ojos le brillan y la sonrisa se extiende por su cara. Camina con paso lento y apoyada en su mamá, quien fue su sostén desde el minuto cero después del siniestro vial que sufrió allá por el 31 de octubre de 2019. Belén Molina tiene 22 años y ese día volvió a nacer. Los médicos no le daban muchas posibilidades de vida y de hecho 2 veces sufrió paros cardio-respiratorios. Hoy está viva y cada minuto que pasa agradece a Dios.

La joven era cadete de policía y ese jueves salió temprano de su casa en su moto 110 cc. En calle Fernández, a metros de Salta y del ingreso al Predio de Chimbas, algo pasó que terminó impactando en un poste de luz. "Estaba yendo a la escuela de policía porque ese día tenía guardia e iba muchos problemas personales y sin dormir. No recuerdo qué me pasó, si choqué con algo o me dormida, no recuerdo. Pero luego meses después desperté en el hospital", recordó la joven a Diario La Provincia SJ.

Pasaron 3 meses desde el accidente hasta el día que abrió sus ojos. Fueron meses intensos para su familia y de mucho dolor. Su madre con los dos hermanos de la joven se "instalaron" en el hospital para seguir a cada instante lo que pasaba. Durante ese tiempo estuvo al borde de morir y las esperanzas que daban los médicos eran muy pocas. Incluso en la cirugía más difícil, los profesionales le recomendaron a la madre que buscara el servicio de la cochería.

"Nunca uno se imagina que puede tener un accidente, que pueda pasar esto. Desperté a los 3 meses en el hospital, estaba en coma y no sabía nada de mi vida, no sabía si me había pasado algo, si estaba en el hospital o dónde. Amanecí sensible, lloraba por todo. Veía a mi mamá y era como que veía a Dios", recordó la joven con los ojos brillantes.

Ese día que sus ojos se abrieron comenzó un nuevo camino. Sintió que algo le faltaba y su mamá tuvo la responsabilidad de decirle que una parte de ella ya no estaba. 

"Me tocó a mi decírselo. En el hospital agradezco mucho lo que hicieron, me la salvaron porque se estaba muriendo. Cuando tuvimos que decirle lo del brazo tuve que ser la psicóloga de mi hija. Ella creía que estaba quebrada, porque tenía una venda blanca y creía que era su yeso", recordó la mamá, Alicia Palacios. Luego agregó: "me preguntaba qué le había pasado y luego me dijo ¿tengo el brazo? Ella no sabía qué era una amputación y le tuve que explicar. Fue tremendo ese momento, fue muy feo". 

Al escuchar a su madre, Belén suspiró y confesó: "fue la tristeza más grande que puedo haber sentido, la tristeza más grande es perder una parte de uno. Mi mamá no sabía cómo decírmelo hasta que me dijo que me lo amputaron y no sabía qué significaba". 

Hoy la joven mira para atrás y piensa por todo lo que pasó desde ese día. Tuvo que aprender a caminar, comer y hasta bañarse pero siempre lo hizo impulsada por la alegría de vivir. Este año comenzó a estudiar abogacía junto a su hermano, que además es policía. Ésa es la carrera que ella ve más cerca a su gran pasión, las fuerzas de seguridad. 

"Estudié en la policía porque era una carrera que amaba, me encantaba, era la profesión que quería. Ese día le estaba haciendo la guardia a la policía y después de lo que me pasó, me hubiera gustado que se acercaran para darme unas palabras. Me pregunto por qué tanta frialdad, tendrían que haber ido al menos a tocar la puerta y preguntar cómo estaba. Ahora voy llevando bien mi situación, que no es nada fácil, la llevo bien con fuerza. Los estudios me incentivan a que siga, que no decaiga", expresó.

Después de lo que le pasó, no tenía ganas de vivir hasta que vio las imágenes de los brazos ortopédicos. Su mamá le dijo que podía tener un brazo y manejarlo con el tiempo. Eso la incentivó y pese a que ya pasó un año y medio del siniestro vial, aún no pudo adquirir uno por el alto costo que tiene. 

"Cómo será tan grande Dios, le doy gracias todos los días porque él me sacó adelante. Me superé en muchas cosas, en mi casa. Pensé que quedaría toda la vida inútil y mi familia me hacía que las cosas las hiciera sola para que me independizara. Así fuí progresando hasta que hoy hago las cosas sola", señaló.  

El Wey Zapata, su motivador

Las vueltas de la vida hicieron que casi justo un año después del accidente que sufrió Belen, el Wey Zapata pasara por la misma situación. El joven amante del motocross, cuya edad era casi la misma que la joven, perdió su brazo en un siniestro vial el 16 de noviembre pasado. Desde aquel entonces, ella quiso conocerlo pero la desgracia le quitó esa posibilidad.

"Me dio una tristeza enorme porque teníamos casi mi misma edad. Siento que el Wey aceptó muy rápido la pérdida del brazo y yo todavía no lo acepto. Esto me va a llevar años aceptarlo. Por eso me hubiera encantado conocerlo porque los dos vivimos lo mismo. Incluso lo escuché muchas veces y era muy linda la forma como pensaba", expresó Belén quien subrayó que ella "pensaba igual que él pero él".

"Él me daba motivación para seguir. Lo que pasó con el accidente me puso muy mal porque te daba alegría verlo, su alegría y la satisfacción que le daba las motos, porque es lindo tener satisfacción por algo", agregó.

Molina asegura que todo lo que pasa en la vida es por algo y cada uno nace con un camino pre-establecido: "Nosotros venimos con un destino marcado. Mi mamá me dice que si ella me hubiera buscado, esto no hubiera pasado. Pero éste era mi destino, y a lo mejor estaba marcado porque todos venimos con un objetivo". 

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