Historias de cuarentena

Radiólogos de COVID del Hospital Rawson: abrazar la vocación en un equipo que hace historia

Verónica Turchetti y Jonathan Martínez renuevan su compromiso en uno de los desafíos más importantes que les tocó en su carrera. Un aprendizaje multidisciplinario que los enriqueció.
jueves, 6 de agosto de 2020 00:00

En el Área Covid-19 y sector triage del Hospital Rawson se transmite espíritu de equipo. Los médicos, enfermeros, kinesiólogos y auxiliares integran grupos en los que la camaradería es parte del protocolo y como tal, se ejerce día a día. Ellos también son parte: los radiólogos. Verónica Turchetti, técnica radióloga y Jonathan Martínez, licenciado en Radiología han logrado conocerse mucho como colegas y eso les permite trabajar con tranquilidad confiando el uno en el otro. Y a su vez, no dejan de resaltar que aprenden de los demás profesionales y se ayudan mutuamente.

En este aceitado mecanismo, en el que la humanidad es protagonista, el diagnóstico por imágenes es una herramienta clave. “Hoy por hoy, la verdad es que el área de Radiología ha tomado relevancia en esta etapa nueva que estamos atravesando, marcada por la pandemia. Puede ser que antes no era tan visible pero la radiología ha ido evolucionando. Estudios contrastados, tomografías y resonancias han crecido bastante. La radiología es uno de los pilares en esta área de COVID”, señala Jonathan, a Diario La Provincia SJ.

Verónica Turchetti destaca el aceitado trabajo en equipo en el área COVID.

“Cuando se presenta un caso sospechoso de COVID, por protocolo se pide que se realice una radiografía. El médico es quien evalúa las probabilidades aunque no se trata de un estudio que confirme el diagnóstico pero el médico puede estimar si se presentó una neumonía o algún tipo de patología. Desde ahí se deriva a realizar una tomografía pero puede ocurrir que con la radiografía es suficiente. Dependiendo el caso, el paciente puede ser derivado a terapia, por ejemplo”, explica Verónica.

Ambos conocen muy bien su mapa de ruta, en el que tienen caminos marcados (llamada zona de circulación) para ir y venir desde el sector Triage a terapia intensiva. Allí han asistido a los pacientes con coronavirus que estuvieron muy delicados pero, gracias al trabajo del equipo, salieron adelante. Una gran marca de orgullo para ellos.

Es que así se sentirán en toda la entrevista: muy agradecidos de la oportunidad de escribir una historia impensada en sus carreras. Porque ninguno pensó en atravesar una pandemia pero allí están firmes en la línea de fuego.

Jonathan Turchetti tiene 10 años de experiencia en radiología y ama trabajar en el hospital público.

Por eso, la precisión en su trabajo es clave. Y el respeto a los protocolos, como en el primer día, también. “Tenemos un equipo portátil, rodante, que lo vamos trasladando y trabajamos directamente en el Triash. Acudimos al pedido de los médicos que así lo soliciten. El equipo está en otra sala por lo que lo vamos a buscar y nos dirigimos donde está el paciente. Por supuesto, nos preparamos y colocamos los EPP (elementos de protección personal). El paciente debe estar sí o sí con barbijo y debemos ser dos los radiólogos en trabajar. Uno ingresa a la sala y el otro espera afuera”, comenta Jonathan.

Detalla que “el chasis del aparato está envuelto en una bolsa de nylon y el radiólogo que está afuera de la sala lo recibe sin la bolsa. Así lo traslada a la sala para hacer el revelado de la imagen. Luego, si la imagen está bien, se le avisa al técnico que quedó en la sala que procede a  higienizar el equipo y lo saca desinfectado. Nuevamente, vuelve a la salita en la que estaba”.

Ella agrega que “el equipo con el que trabajamos está destinado al triash y en la terapia de COVID hay un equipo digital que solamente está en ese lugar”.

Allí, se procede distinto. El radiólogo cuenta que “usamos otro ambo y otra ropa para ingresar. Batas, cofias, barbijos, antiparras; son otras. Si se trata de atender a un paciente sospechoso o positivo, todo eso se descarta. Nos colocamos otro ambo y el que usamos en terapia, aunque lo tuvimos protegido bajo los elementos descartables, se coloca en una bolsa y lo higienizan. Entonces, nos preparamos para volver al triash”.

En la mirada de ambos se nota que, junto al procedimiento, está la preocupación y la ocupación por hacer las cosas bien.  “Hicimos radiografías a todos los positivos que pasaron por la terapia”, confiesa Jonathan. Por lo que mientras los sanjuaninos recibíamos los partes de salud de los sanjuaninos que se enfrentaron al coronavirus; ellos los estaban asistiendo. Tratándolos con la mayor responsabilidad posible; esa que los llevó cada vez a ser autocríticos.

“Cuando estaba en la terapia, antes de salir no podía dejar de repasar si había hecho todo lo que debía; si no había cometido errores. Es que a veces hay circunstancias, como por ejemplo si el paciente está intubado. Lo tenemos que sostener de una determinada forma. Por supuesto, también redoblaba la atención en mis elementos de protección personal”, afirma Verónica.

Su compañero detalla: “nos pasaba que ingresábamos a la Terapia y teníamos 7 pacientes. Un positivo y los otros sospechosos o negativos. Entonces, hacíamos dejábamos para el último la radiografía al caso positivo. Nos colocábamos doble par de guantes, doble bata, máscara y todo lo necesario. Con ese paciente, trabajábamos muy tranquilos, lo más despacio posible y con cuidado. No importaba si nos demorábamos una o dos horas. Al terminar, una enfermera nos ayudaba a desvestirnos y yo prestaba atención a mi compañera y ella a mí. Al salir de la terapia, en el camino, uno va pensando cómo trabajamos”.

Del trabajo autónomo al equipo entrañable

Si hay algo que caracteriza a los radiólogos es que generalmente trabajan más en soledad que en conjunto. Siempre son parte de un equipo con médicos y enfermeros pero no necesariamente conviven. En el área COVID del Hospital Rawson, la soledad no es una opción.

Y eso, fue un reto para los jóvenes profesionales aunque rápidamente se acoplaron al grupo. “Fue un desafío para mí tener el médico al lado y que inmediatamente viera la radiografía. También estar con los enfermeros, que no es común en nosotros y a veces asistirlos. Nos ha tocado que ellos estén a full y les tenemos que pasar algo. Aprendemos de ellos y ellos, de nosotros también”.

“Al principio, no conocíamos a nadie del equipo. No sabíamos con quién nos iba a tocar pasar las 24 horas. Pero con el tiempo se fue forjando un grupo que es excelente. Trabajamos muy cómodos y en lo personal, espero que llegue el día miércoles para venir a trabajar. Al principio, sentimos miedo al tratarse de un virus nuevo. Y en nuestro caso que nos trasladábamos a la terapia teníamos la incertidumbre de saber si estábamos sanos. No sabíamos la capacidad de contagio que tenía el COVID. Con el tiempo, nos dio seguridad saber que estábamos haciendo las cosas bien y nos acostumbramos a un protocolo de trabajo.  Además, es básico que confiemos en los compañeros y ellos, en nosotros porque éramos los que teníamos que salir del triash”, asegura la radióloga, que este año, tras trabajar dos ad honorem en el servicio del Hospital Rawson, ya está contratada.

Los "guerreros de rojo" del Hospital Rawson contra el COVID.

A Jonathan, le es imposible no confesar su orgullo por una profesión con la que se topó tras no poder estudiar medicina ni kinesiología. El destino tenía otra misión de vida para él. “Amo lo que hago. Llevo más de 10 años trabajando en radiología. Hoy por hoy llegar a trabajar con el equipo que integramos hace cuatro meses me genera algo lindo, más allá de lo que estamos viviendo con la pandemia. No nos hemos relajado con el protocolo; todos los días nos guiamos por él. Nos vestimos igual con cualquier paciente sospechoso pero lo hacemos tranquilos al no tener virus circulando. Somos muy compañeros.

“Todos nos estamos ayudando además y observando. “Te olvidaste las gafas”, por ejemplo o nos corregimos”, acota ella. Es que “somos una gran familia”, dice él.

Y tras las largas jornadas de trabajo, ellos se encuentran con sus afectos. Los que los esperan ansiosos para ver cómo están. Jonathan llega a su casa donde está su esposa que espera un bebé y está muy atento a su mamá que, en otra vivienda, lleva adelante un tratamiento oncológico. “Al principio tenía miedo; estaba más que atento. Pero con el correr de los días fui tomando seguridad ya que si adoptamos las medidas de higiene necesarias y las precauciones debidas, podemos estar tranquilos. El coronavirus llegó para instalarse y tenemos que convivir con él”.

Ambos recuerdan que llevan adelante también un protocolo al llegar a sus hogares: dejar la ropa en un lugar apartado, desinfectarse, bañarse y cambiarse para recién encontrarse con los seres queridos.

Verónica, en ese momento, valora: “ves a tu familia bien y recordás a los pacientes y a las familias de la terapia. Su sufrimiento te marca. Entonces decís: qué privilegio que tengo de ver bien a los que quiero”.

Por eso, para que muchos sanjuaninos sigamos bien, no dejan de hacer sus pedidos. “Me encanta trabajar con los pacientes y ayudarlos. Entrar al hospital fue, más allá de la pandemia, lo mejor. Hemos sido testigos de situaciones duras. Imposible que no te toque en la emoción como ser humano y lo tomás como trabajo como profesional pero te queda grabado. No hay que relajarse. La provincia está bien, sin virus circulante. Los casos son importados pero no por eso no hay que cuidarse. Debemos usar barbijos y seguir los protocolos en lo demás. El virus está y puede aparecer en cualquier momento”, destaca Jonathan.

A lo que Verónica sentencia “no hay que bajar la guardia y seguir cuidándose. Del comportamiento de las demás personas depende cómo responderá el sistema de salud. Hemos tenido dos positivos graves por lo que es fundamental es que lo sanjuaninos nos ayuden, manteniendo el estatus sanitario”.

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