Historias de cuarentena

La batalla de las intérpretes de lengua de señas contra las grietas que profundizó la pandemia

El miedo y la desinformación invadieron a la comunidad de personas sordas en San Juan debido a que no entendían qué era el COVID. Su asistencia permanente, los videos diarios y las consultas por WhatsApp ayudaron a que muchos pudieran sobrellevar esta cuarentena.
jueves, 16 de julio de 2020 00:00
jueves, 16 de julio de 2020 00:00

Inquietos, activos y con el constante propósito de construir una verdadera inclusión para la comunidad sorda en San Juan. Eso es lo que caracteriza a los integrantes de la Asociación Sanjuanina Intérpretes de Lengua de Señas  Argentina- San Juan (ILSA) que desde que la pandemia del COVID-19 ingresó a nuestro país no dejaron de asistir a quienes se vieron invadidos por el miedo, la desinformación y la angustia de “no saber qué pasa afuera” que se generó entre las personas con discapacidad.

Con el teléfono siempre abierto y organizados para dar rápida respuesta, encararon videollamadas e hicieron videos caseros para explicar todo cuanto pudieron, en el marco de los cambios tan dinámicos del COVID, en el que ellos mismos tuvieron que incorporar señas nuevas rápidamente. Y en esa vorágine vieron claramente que esta situación tan extraordinaria como impensada no hizo más que profundizar las grietas que atentan contra la inclusión social de los sordos.

Con sus remeras rojas que las identifican como Asociación, un grupo de intérpretes detalló a Diario La Provincia SJ cómo se organizaron para asistir a los sordos que generaron por iniciativa propia grupos de WhatsApp para canalizar sus inquietudes, las que fueron más intensas en las primeras semanas de la cuarentena.

“La pandemia lo que hizo fue profundizar la falta de acceso a la comunicación que han tenido los sordos desde siempre. Venían sufriendo la inexistencia de intérpretes en los medios de comunicación y en los primeros mensajes oficiales por TV sobre el coronavirus, no los tenían. Todo fue tan inmediato que se olvidaron de ese pequeño detalle. A la semana o semana y media, la incluyeron en los reportes diarios”, destacó la psicóloga Daniela Sánchez Sarmiento.

Coronavirus, la nueva seña para los sordos.

No obstante, reinaba la confusión entre las personas sordas y recurrieron tanto a ellas como a personas de su comunidad que son referentes por estar más escolarizadas y tener un mejor manejo de la lengua de señas, algo que lamentablemente falta en San Juan. “En esos primeros momentos, era bueno que ellos supieran los síntomas y las señales de alerta. Se les pasó información desde la Asociación y se formó un grupo de ayuda para asistirlos por si tenían ataques de pánico o ansiedad o síntomas. Ellos no entendían lo que pasaba afuera y queríamos que supieran que podían contar con nosotros. Si para un oyente era difícil asumir quedarse en la casa, mucho más un sordo que no entiende. En los primeros 15 días hubo angustia”, resaltó Gabriela Beraldi.

En las redes sociales, la entidad se ocupó de viralizar un flyer en el que había datos de contacto telefónico para ayudarlos. La orientación era fundamental y sólo una de las puntas de un iceberg en el que la inclusión se ve atacada por todos lados.

Irónicamente, uno de los elementos básicos de protección sanitaria por COVID se convirtió en una nueva barrera para esta discapacidad: el barbijo.

El barbijo inclusivo: la transparencia permite la lectura de labios.

“Incluso a nosotras como oyentes nos pasa que al charlar con alguien con barbijo parece que escuchamos menos. Uno naturaliza inconscientemente la lectura labial y a ellos se les quita un recurso de comunicación. Tuvimos un caso de una mujer sorda que tuvo un problema con un policía que le preguntó algo. Ella manifestó: “soy sorda, por favor bajate el barbijo y yo me alejo”, pero el hombre no quiso. Ella hizo su descargo en un video que subimos a las redes para generar conciencia. Los policías deberían manejar lengua de señas”, recordó Daniela.

Con los barbijos inclusivos que tienen transparencias en la zona de la boca para facilitar la lectura labial no se lograron tan buenos resultados, pese a la intención de ser una herramienta útil. “En mi caso no me funcionó porque sentía que me transpiraba. Además, esa humedad no es buena para nuestra salud. Cuando tuve que acompañar a una persona sorda al Hospital Rawson por una consulta, directamente tuve que sacármelo y mantuve la distancia. Di mis motivos y los entendieron”, acotó.

En este punto, aparece recurrentemente en la entrevista una de las complejidades de la comunidad sorda en San Juan. Por una parte, hay muchos que no manejan la lengua de señas a pleno, otros tienen sus propias señas o son analfabetos y a eso se suma que hay diferencias en las estructuras gramaticales con el español. Sí, las oraciones como las que estás leyendo en este momento no tienen el mismo orden en su composición para los sordos. Es por ello que los subtitulados en la tele no siempre son entendidos por ellos y la desesperación por saber, les genera ansiedad.

Cuarentena, otra seña clave en estos meses.

Las profesionales, a su vez,  se encuentran con personas que se manejan con sus propias estructuras y por tanto, necesitan que ellas les respondan valiéndose de ese esquema. También, algunos no están escolarizados, por lo que no saben leer. “Hablamos de una persona de 35 a 40 años que, en su niñez, no tuvo una intérprete o docente que les enseñara”, contaron.

Gabriela puntualiza en esto: “su lengua de señas tiene su propia estructura. Entonces, tenemos que explicarles a diario, con videos, qué dijo el gobernador sobre COVID-19, por ejemplo. Ellos se asustan mucho. Y en esto, detectamos fallas en los medios de comunicación. Vale destacar que los canales locales, con sus logos, tapan a la intérprete. Hay comunidad sorda y no se la tiene en cuenta. No hay inclusión. Ellos están aislados, solos, sin información y tienen miedo. Si a nosotros nos cuesta manejar los cambios dinámicos por la enfermedad, a ellos los confunde mucho”.

Entonces a cada cambio que se dio, sobre todo las disposiciones de lo que se podía o no hacer, allí estaban los intérpretes haciendo videos o atendiendo videollamadas. “A veces, nos encontraban haciendo tareas en nuestra casa, como doblando ropa o con nuestros hijos a upa. No importaba, era necesario resolver la inquietud”, detalla Daniela.

Hay equipo: desde la Asociación defienden la profesionalización.

Y en esa dinámica, los intérpretes también tuvieron que enriquecer su vocabulario. “Había situaciones o palabras difíciles de explicar, además de sumarse términos nuevos. Coronavirus, pandemia y cuarentena son señas nuevas. O quizás no eran muy usadas o había que hacerlas. A nivel nacional, se mandaban las sugerencias y las disposiciones. Estoy en un grupo COVID para sordos y la necesidad de explicaciones era constante. Por ejemplo, cuando se conoció que La Rioja volvió a fase 1, ellos empezaron a alertarse: ¡San Juan está en fase 1! Al no tener intérpretes en los noticieros, malinterpretaron ese dato y es necesario que recuperen la calma”, agregó Gabriela.

Para Romina Pereyra  fue muy positivo que, además del rol de las intérpretes, hubiera personas sordas que las ayudaran en esta situación. “Los considerados referentes por ellos también mandan videos al grupo de WhatsApp. Se ayudan y colaboraron a explicar el tema de la higiene, de cuándo debían salir a comprar y cómo colocarse el cubrebocas, entre otros”.

Los videos, la clave

Colocar el celular de forma vertical, tratar de no “salirse de cuadro” y cumplir con todo lo que hace a una precisa interpretación. En esta pandemia, cambió el escenario pero el propósito era el mismo: mantener la comunicación basada en la confianza con la persona sorda y sobre todo, mantener la fidelidad del mensaje.

El intérprete frente a la cámara, y más allá de estar en la informalidad de la casa, tiene que cumplir con pautas exigidas para su trabajo. Vestidos preferentemente de negro, con la cara despejada, cabello tomado y para las mujeres, sin maquillaje ni accesorios como pulseras, anillos o collares (son distractores de atención); así se dispusieron a grabar sus videos con información sobre coronavirus y todo lo que surgió a su alrededor.

“Tratamos de resolver lo que nosotros evaluamos como fallas en los medios de comunicación y en el sistema de salud. Es una situación nueva, lo sabemos así como también que se trata de inconvenientes no sólo de San Juan sino que es a nivel nacional. Por eso, hemos tenido contactos online con representantes de otras asociaciones en el país para analizar esto”, destacó Daniela.

Gracias a su trabajo, la comunidad sorda se informó, aprendió y aprende sobre COVID. No han tenido hasta el momento casos sospechosos pero tienen muy presente lo que denominan una cadena que perjudicaría y mucho.

Gabriela la expone: “si una persona sorda tiene síntomas de COVID y quiere ir al hospital, sube a un remiss donde el chofer no sabe lengua de señas. No se puede comunicar. Si llega al hospital, tampoco hay alguien que lo entienda. Entonces, ¿qué puede hacer? El rol del intérprete cobra mucha importancia pero también es necesario que haya una verdadera inclusión, con más personas que conozcan la lengua de señas”.

¿Qué pasa con los niños?

Marta Pellizca destacó el trabajo clave de los intérpretes con los chicos.

Entre las situaciones con las que se encontraron las intérpretes estuvo la que se refería a los chicos sordos y cómo pasaron de dar sus pasos en aprender su lengua en la escuela, generalmente desde los 5 o 6 años, a estar encerrados en casa, sin la necesaria socialización con sus pares.

Para Marta, “nadie pensó en ellos. Entonces, nos propusimos actuar y sentar precedentes: nos centramos en los niños y en lo que tiene que ver con su entretenimiento. Ellos no pueden disfrutar una película en casa, por ejemplo, porque están aprendiendo su lengua de señas y no entienden los subtítulos en español. No tenían socialización y sus posibilidades se redujeron mucho en esta pandemia”.

Gabriela  hizo hincapié en que “es muy importante la función que cumplió el intérprete con los niños. Ellos iban a clases y en la pandemia se encontraron solos, sin sus compañeritos que también son sordos. Estaban solos. Entonces, nos pidieron desde la Asociación que generáramos videos para entretenerlos: con cuentos, recetas y para enseñarles cómo lavarse las manos”.

Con sus acciones, grabando videos divertidos y didácticos, dieron un apoyo enorme a las familias. Daniela afirmó que “hay muchos papás oyentes que no manejan la lengua de señas al 100% o la tienen muy casera. Entonces nos preguntaban: ¿cómo hago para explicarle tal cosa? Romina hizo uno para contarles a través de un cuento qué es el coronavirus. Lo hizo muy pedagógico y los papás estaban muy agradecidos. Había que explicarles que no podían salir ni ir a la escuela. No era fácil”

En ellos, se proyectó algo que atraviesa a la comunidad sorda y que los intérpretes, desde la Asociación, dan pasos firmes para cambiar apelando a visibilizarlo. “Siempre se trató de rehabilitar la discapacidad. Es decir, tratar que la persona sorda se oralice y hable. Esa es la gran falla porque el sordo no habla. Conoce el mundo por la lengua de señas, como un niño oyente de 1 año que todo señala y emite algún sonido para referirse a ello. La persona sorda primero tiene que conocer el mundo con su lengua de señas, después se intenta hacer una oralización con la lectura labial y ciertos fonemas que se puedan aprender en nuestra estructura. Venimos haciendo todo al revés”.

Comentarios