Justicia. Ésa es la palabra que se repite una y otra vez en la madre de Julieta Viñales, la joven de 18 años que murió tras someterse a una operación de amígdalas en febrero pasado.

Su historia conmovió a todo San Juan y hoy la mirada está puesta en el accionar del médico que la operó: Maximiliano Babsía. Tras una fuerte hemorragia sufrida a los pocos días de la intervención, el otorrinolaringólogo no volvió a contactarse con la familia de Viñales, a pesar que este miércoles la chica murió. 

Cyntia Aboal, mamá de Julieta aseguró que su hija dio señales que algo no andaba bien tras la intervención quirúrgica y no fueron tenidas en cuenta por el profesional médico. “Este desenlace podría haberse evitado”, aseguró en una entrevista brindada a Diario La Procincia SJ.

“Antes de la operación, el doctor me hace llevarle los estudios prequirúrgicos y estaba todo perfecto. Le pedí que me hicieran la receta de los remedios así que cuando ella salió de la operación yo ya tenía los analgésicos, el antibiótico y el corticoide que me había indicado. El lunes, después de la operación, que la lleva mi marido, llega a casa con la receta de otro medicamento. Entonces me llamó la atención porque me parecía raro que me diera más medicación. Googlié para qué era y resulta que era para las hemorragias. Esa es la primera alarma, porque algo vio ahí en la operación que no nos dijo a nosotros“, recordó. 

Todavía no se dio a conocer el resultado de la autopsia pero la familia asegura que hay sobradas pruebas que dan fe de mala praxis. “Teóricamente, lo que pasó fue que él al sacar las amígdalas, que las sacan con unas pinzas que tiene como una gillotina que las cortan, al cauterizar ha lastimado la arteria. No es que la cortó en el momento porque si hubiese ocurrido eso mi hija se hubiese muerto ahí, sino que cortó alguna de las capas. Todo esto lo hemos ido sabiendo pidiendo opiniones y mirando en la historia clínica. Ya está lista la autopsia pero todavía no sabemos qué es lo que arrojará el informe”, explicó Cyntia.

Su historia conmovió en parte porque se trataba de una chica joven, con un sueño muy noble: ser médica. “Julieta era un ser de luz, era todo para nosotros. Tenía muchos proyectos para cumplir, quería estudiar medicina, quería ser pediatra. Estaba viviendo en Buenos Aires con mi mamá, haciendo el CBC para poder entrar en la UBA. Ella siempre decía que su sueño era estudiar medicina. Somos de Buenos Aires y hace cinco años que vivimos acá porque a mi marido lo trasladaron por trabajo. Ella hizo su secundaria en la Medalla Milagrosa, nuestros hijos se adaptaron muy bien, pero decidimos que volviera a Buenos Aires para poder estudiar y acompañar a mi mamá”, agregó Aboal.   

La pérdida transformada en motor
La familia, a la espera de los resultados de la autopsia, luchará para que se haga justicia. “Ahora lo que tengo es un pedido de justicia, para que no haya más Julietas, para que este médico no pueda ejercer más. Sé que los errores existen, cualquiera puede cometer un error, pero él dejó pasar muchísimas alarmas. Una fue el día de la cirugía porque él sabía lo que ha había pasado; el día del control Julieta le dijo que le dolía el lado derecho y él le dijo que era normal porque había tenido que excarvar más para poder sacarla. El viernes tuvo una hemorragia acá y fue terrible, los policías se quedaron sorprendidos porque el baño estaba lleno de sangre y coágulos. Si yo no hubiese estado ella se moría desangrada ahí”. 

El abogado del médico aseguró que él no lesionó la carótida y que sería difícil comprobar la mala praxis. “Sabemos que con la autopsia se termina de cerrar todo. Él sabe lo que hizo y el juez está al tanto. No hay forma de que pueda pasar porque fueron muchas irresponsabilidades. Provocó una laseración en la arteria el día de la cirugía que quedó sensible que terminó de rebalsar el día que tuvo el paro. Queremos justicia porque fue un homicidio”, aseguró Cyntia.

En su momento pidieron 40 dadores de sangre y oraciones de todos los credos, y ahora el dolor de ellos también se desplegó por todo el país. “Se movilizó mucha gente, no solo en San Juan, me escribían de otras provincias, de Uruguay, de Colombia que estaban rezando por ella. Estamos tratando de reponernos, tratando de aprender a vivir con este dolor. Gracias a Dios tenemos el apoyo de mucha gente y tenemos otro hijo que nos necesita, Agustín tiene 15 años. Hay que seguir adelante, porque cuando haya justicia, mi hija va a descansar en paz”, sentenció. 

Crónica del dolor
Tras la operación, la adolescente fue dada de alta y permaneció en su casa hasta que el cuadro se complicó. “Cuando llegó comió gelatina, jugo, todas bebidas frescas, porque estaba con molestias. El jueves la llevo al control como habíamos quedado con el médico. La revisó y dijo que la herida estaba cicatrizando como esperaba, que las cascaritas que ella tenía eran de la misma cicatrización y que nos veríamos en una semana para un nuevo control”. 

Fue en su propia casa en donde Julieta sufre el episodio que desencadenó en la pérdida de conciencia. “El viernes a la noche estábamos las dos solas y empieza con una hemorragia terrible, a vomitar sangre. Me decía mamá me ahogo y se me desmaya. La pongo de costado para que no se ahogara con su propio vómito que era todo sangre. Salí a los gritos a pedir ayuda porque en la esquina tengo una garita policial. Los chicos vinieron enseguida y llamaron una ambulancia, pero sabíamos que la ambulancia iba a tardar y no podíamos perder tiempo”, recordó la mamá. 

Con el rápido accionar de su madre, la joven ingresó al nosocomio en donde controlaron la pérdida de sangre. “La cargamos en la camioneta y la llevamos al Marcial Quiroga. Allá la estabilizan, llamo al médico, se acercó hasta el hospital, habló con el médico de guardia y coordinan que la iban a trasladar a la Terapia del Rawson para tenerla más controlada por si había una nueva hemorragia o una complicación. Ella no estaba consciente totalmente, estaba entre desvanecida y consciente“. 

“El médico de guardia indica un potencial quirúrgico para la reparación de esta hemorragia pero el otorrino no lo tuvo en cuenta ni ningún otro médico. La derivaron al Rawson en donde quedó en Terapia, la revisa nuevamente el médico que la operó y dice que estaba todo bien, lo mismo el sábado por la mañana. En la noche vuelve y dice que la hemorragia había sido por una cascarita y nos dijo que le iba a dar un poquito de morfina para ver si se le iba el dolor y podía descansar toda la noche. Yo me quedé tranquila, porque no entiendo mucho del tema médico”. 

A partir de allí su estado se volvió irreversible. “El domingo por la mañana me llaman para que fuésemos urgente porque Julieta había tenido una hemorragia muy grande. El cuerpo humano tiene 5 litros de sangre y ella había perdido 4, así que casi que se había desangrado. Nos dijeron que su estado era gravísimo. LEn ese momento estaban todos los médicos encima de ella, había muchos médicos. Si hubiese sido por el otorrino, ella moría ahí mismo. legamos, nos hicieron pasar para despedirnos.La estuvieron reanimando 40 minutos. Como pudieron la intubaron y la llevaron al quirófano y nos dijeron que iban a hacer todo lo posible”.

La familia siempre recordará el doloroso momento en el que supieron que no había vuelta a atrás. “El otorrino intentó salir del quirófano y cuando vio que éramos muchos esperando se metió adentro. Salió otro otorrino para decirnos que a esto no lo habían visto nunca, que era muy raro lo que había sucedido y que Julieta estaba grave. El daño cerebral que pudo haber tenido iba a ser importante por el tiempo que la estuvieron reanimando. El cerebro no había recibido el oxígeno necesario, así que solo podíamos esperar”.

El accionar del doctor profundizó la bronca de los padres de Julieta. “El médico salió finalmente del quirófano, se acercó y nos dijo “bueno papis, yo sé que ustedes están muy enojados pero esto es un caso rarísimo que nunca me había pasado”. Se fue y desde ahí desapareció yo lo llamé a la clínica, no lo encontré, le llamé al celular y lo tenía apagado. Nos abandonó en el peor momento, cuando tendría que haber estado dando la cara”.

Finalmente, el miércoles el cuerpo de Julieta no resistió y la joven falleció.