Historia

Jorge Balderramos, el maestro jachallero que formó generaciones en zonas rurales

Jorge vive a metros de la plaza principal de Jáchal y en su casa guarda decenas de obra hechas en herrería por su padre. Conocé su historia.
sábado, 09 de marzo de 2019 00:00
sábado, 09 de marzo de 2019 00:00

Con un tono sereno y amistoso, como quien no tiene nada que reprocharle a la vida, Jorge Balderramos, “El Maestro” como se lo conoce en sus pagos jachalleros, cuenta su historia dedicada a una labor incansable por la educación primaria en zonas rurales.  Lo hace desde su hogar, un taller de herrería que nació hace más de 114 años fundada por Don José, su padre. Su casa es una especie de museo donde brota la historia de Jáchal por cada rincón.

En ese centenario hogar ubicado en calle Florida al 555, a la vuelta de la plaza principal, se encuentran todavía intactas las herramientas con las que su padre trabajó hace añares arreglando ruedas de carretas y colocando herraduras a los caballos. Algunas de esas herramientas todavía funcionan y de vez en cuando sus sobrinos, que son herreros, suelen utilizarlas. Todo al estilo de la vieja escuela.

Foto: Facebook Roberto Ruiz

“El brazo viril del herrero que soporta el frío y también calor de la fragua, la fuerza del martillo y el peso del yunque. Lo encierra todo, lo que representa es hermoso”, expresó el Maestro a Diario La Provincia, siempre con descripciones y frases tan poéticas influenciadas por su admiración a la obra de Don Buenaventura Luna y por su amor a la cultura local.

Entre otros artilugios de la época, que todavía sirven, tiene una cuna de hierro, “forjada por los brazos robustos y el sudor” de su padre, cuando él ni siquiera había nacido. Sus 8 hermanos también la usaron. “Si usted la viera, esbelta, firme y como nueva, es un objeto hermoso”, dijo en referencia a su cuna.

Es la única herrería de la zona que todavía puede funcionar completamente con herramientas y métodos antiguos y es motivo de orgullo para el espíritu tradicionalista del Maestro que admira la cultura jachallera y recuerda con mucho amor esos tiempos cuando los trabajadores del campo acudían allí a arreglar sus carretas y herramientas de trabajo. 

Foto: Facebook Roberto Ruiz

La vida en la docencia

Jorge se recibió de Maestro Regional Nacional en la Escuela Normal Superior de Jáchal. Pero ahí no comenzó su amor por la enseñanza rural. Cuando tenía alrededor de 25 años, trabajaba como ayudante de topógrafo en las minas de oro de Famatina en La Rioja. Solía salir a dar vueltas al campo en su camioneta y en esos viajes se topó con un puesto en una ruta cercana a la mina. Había dos niños que no tenían a donde ir a la escuela, eran hijos de un compañero de trabajo. Él se comprometió en ayudarlos y empezó a ir los fines de semana a enseñarles y hasta les daba tareas.

“Siempre trabajé con los pobres, no hay nada más reconfortante que besar la mejilla sucia de un niño, porque así usted besa a la pobreza, la conoce”, contó con emoción recordando a sus ex alumnos del lugar.

Foto: Facebook Roberto Ruiz

Fue director por un año en una escuela de un pueblo rural de Córdoba y estuvo 4 años en la escuela de otra comunidad rural también en esa provincia. Luego volvió a su Jáchal natal, porque sus hijos necesitaban educación secundaria y en esas zonas no había. Siempre se destacó por organizar peñas, festivales, obras de teatro y lo que fuera para reunir recursos y así levantar las escuelas. “El agua que teníamos era de lluvia. Cuando llegué, a la escuela estaba llena de malezas y de bichos, las arañas no me dejaban dormir”, recordó Jorge sobre su estadía de 4 años, trabajando en el pueblo de Monte Ralo, Córdoba.

Cuando llegó a Jáchal reflotó las veladas de fin de año, que se habían dejado de hacer en la escuela de Huaco. “Lo hice para mantener viva la identidad cultural de los chicos, con obras de teatro y diferentes expresiones que siempre ponderaban lo propio y de paso así reunían recursos para trabajar en las escuelas”, explicó.

Se jubiló a los 72 años en Jáchal y recuerda que, ese momento fue muy emotivo porque vinieron padres y alumnos del pueblo de Córdoba.
 

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