Nunca más

El relato de una sanjuanina conmocionó en el Juicio por delitos de lesa humanidad en San Luis

Beatriz Quevedo de Hansen declaró este jueves en el segundo juicio por delitos de lesa humanidad cometidos ente 1976 y 1983 en San Luis. La mujer era esposa de Raúl Cobos, jefe regional de Montoneros, que fue entregado a los militares por su propio padre.
viernes, 04 de julio de 2014 00:39
viernes, 04 de julio de 2014 00:39

Beatriz Quevedo de Hansen es sanjuanina pero el amor la trasladó a San Luis en la época más dura del país: la de la dictadura militar. El 8 de febrero de 1975 se casó con Raúl Cobos y allí tuvo dos hijos, una nena y un nene. Sin embargo no todo fue color de rosa. La dureza de la dictadura militar la golpeó fuerte y su testimonio emocionó este jueves en San Luis en el segundo juicio por delitos de lesa humanidad cometidos ente 1976 y 1983.

Es que allí se desarrolla el Juicio por Delitos de Lesa Humanidad y ella se presentó como testigo ante el Tribunal Oral Federal de aquella provincia. Sus palabras impactaron pero no sólo por la crueldad que vivió su marido y ella sino porque habría sido su suegro el que entregó a su hijo (marido de Beatriz) a los militares y estos lo mataron. 

Según su relato, su suegro tenía varios enfrentamientos con la pareja porque ambos militaban en la Juventud Universitaria Peronista (JUP) y se desempeñaban en el plan Crear de alfabetización de adultos, en barrios carenciados de la ciudad. Además Raúl era jefe regional de Montoneros. "Discutía mucho con Raúl, nos denunció pensando que él iba a ir preso, pero no que  lo iban a matar", explicó Beatriz y contó que la policía provincial dio la orden al hospital donde estaba internado que no lo atendieran pese a que estaba moribundo por los golpes recibido. "Dejalo que se muera ese hijo de puta", habrían dicho los uniformados y luego vieron como agonizó por tres horas sin tratamiento médico hasta que falleció.

"Supe luego por el relato que el hermano menor de Raúl le hizo a mi hija Paula que, cuando les entregaron el cuerpo en la madrugada del 21 de setiembre de 1976, Raúl presentaba rastros de picana y tenía un fuerte golpe en la cabeza", expresó la testigo según reprodujo la agencia de noticias Télam.
 
El padre y el hermano mayor de Raúl "debieron escribir que él era un subversivo para que les entregaran el cuerpo", reveló la mujer dolida porque se enteró de que su suegro había denunciado al joven matrimonio como "subversivos", poniendo en peligro a la familia que comprendía también a una pequeña hija y a un hijo en gestación.

"Me tuve que ir a la casa de unos amigos porque en mi casa no podía estar más y fue allí, escuchando radio, cuando me enteré por un aviso fúnebre que mi esposo estaba muerto", relató.
 
Después de contar las vicisitudes de su penosa salida al exilio, la testigo agradeció a la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, filial San Luis, por "todo el trabajo realizado en estos 38 años y por la verdad y justicia alcanzada".
 

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