Belleza natural e histórica

Camino del Inca en San Juan, un paraíso histórico que "sobrevivió" a la mano del hombre

En San Juan los espacios incaicos forman parte del paisaje natural y muchos se pierden entre la vegetación autóctona. Los animales de la zona se desplazan por el lugar como parte de su hábitat y la flora le da un color muy especial y atractivo.

El Camino del Inca o  Qhapaq Ñan está lejos de ser aquella estructura de piedra que solían usar los incas con distintos fines. Hoy muchos de estos lugares fueron devastados por la mano del hombre y por el avance de la civilización con sus nuevas construcciones.

Sin embargo muchos de estos vestigios pueden observarse en varios puntos de San Juan. Con la declaración internacional de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, estos sitios deberán ser cuidados y protegidos pero además podrán ser aprovechados turisticamente,  

 El Camino del Inca es el reflejo del gran imperio que hubo antes de la colonización española y que asombró a los conquistadores en el siglo XVI por su organización socio-política. En San Juan los mayores vestigios que se mantienen pertenecen al tendido de grandes construcciones de piedras por donde se trasladaban los chasquis para transmitir información. Ellos eran jóvenes de 18 a 25 años que corrían largas distancias de forma continua, llevando  y trayendo mensajes. 

Las construcciones fueron la máxima expresión lograda por la sociedad andina prehispánica en su desarrollo. Un tramo de este imperio toca los sitios de Cerro del Toro, San Guillermo, Conconta y Tocota en el departamento Iglesia, el Paso de Lamar en Jáchal, La Dehesa en Ullúm y Cerro Mercedario en Calingasta. Además se desplaza por seis provincias más como Jujuy, Salta, Catamarca, La Rioja, Tucumán y Mendoza.
 
En San Juan los espacios incaicos forman parte del paisaje natural y muchos se pierden entre la vegetación autóctona. Los animales de la zona, pumas y guanacos, se desplazan por el lugar como parte de su hábitat y la flora le da, en muchos lugares, un color muy especial y atractivo.

Los descubrimientos arqueológicos 
Según informó la sanjuanina Catalina Teresa Michieli estas estructuras fueron descubiertas en varios estudios de campo desde hace casi un siglo. 

"Tambos incaicos del centro de San Juan: su articulación regional" se llama el artículo. Allí la directora del Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo Gambier explica que las primeras referencias históricas a sitios de la provincia de San Juan vinculados con los incas la realizó Domingo Faustino Sarmiento en Recuerdos de 
Provincia cuando describía las ruinas de las instalaciones de Villa Maipú (hoy Tamberías) en el departamento de Calingasta y los restos de canales en el valle central. 

Sin embargo el descubrimiento científico y arqueológico llegó de la mano del investigador Salvador Debenedetti en 1915. Aquel año visitó las ruinas incaicas de Paso del Lámar (departamento Jáchal) y relevó someramente las ruinas de Tocota (departamento de Iglesia) que a simple vista aparecían sobre la terraza del arroyo homónimo identificándolas como un "tambo" vinculado con el camino del inca que desde Uspallata en Mendoza, uniría los valles preandinos de Calingasta e Iglesia en San Juan.
 
En el departamento de Calingasta relevó la "tambería" de Barreal, entonces todavía existente y actualmente destruida, que constaba de algunas construcciones rectangulares hechas con piedra ubicadas a 5 km al norte de Barreal, sobre el conocido como "camino del inca". En Barrealito (sobre la margen izquierda del río Calingasta) excavó una tumba con ofrendas de cerámica de tipo incaico. 

Desde ese momento la presencia incaica en San Juan fue, durante varias décadas y hasta 1964, identificada por estas escasas evidencias. Ese año aconteció el hallazgo fortuito por parte de los andinistas E. Groch y A. Beorchia Nigris de un cuerpo conservado en la cumbre del Cerro El Toro, al norte del departamento de Iglesia y sobre la cordillera limítrofe con Chile. Dicho cuerpo, conocido como "momia del Cerro El Toro" fue descendido de la cumbre bajo la supervisión del arqueólogo J. Schobinger, de la Universidad Nacional de Cuyo,

En dicho trabajo Schobinger también reseñó un viaje de exploración a la zona de San Guillermo durante el cual visitó los sitios de La Paila, río Tambos, paso Valeriano, Pircas Negras y La Alcaparrosa identificándolos como tambos o instalaciones incaicas menores; solamente en paso Valeriano (al pie del Cerro El toro) realizó un 
relevamiento somero y trazó un croquis a mano alzada de las ruinas.

En la segunda mitad de la década de 1960 el arqueólogo E. Berberián y colaboradores realizaron la excavación del tambo de Tocota en el extremo sur del departamento de Iglesia. Con este trabajo se determinó que las ruinas abarcan 14 unidades formadas por 45 recintos y 6 patios rectangulares que cubren 191 m de longitud. Las paredes están realizadas con muros de piedra de doble hilera sin relleno; las piedras son planas o consisten en cantos rodados ligeramente canteados y se usó mortero de barro. Dos de las habitaciones principales poseen fogones de forma particular excavados en la entrada, bordeados con piedras y cubiertos con barro.
 
Por la comparación con la clasificación de rasgos arquitectónicos establecida por Raffino (RPC, piedra canteada símil sillar, banqueta y red vial) los autores consideran que el tambo servía de control del camino incaico que, dirigiéndose al sur, llevaba a Uspallata y como lugar de almacenaje. La presencia entre sus restos de algunos fragmentos de cerámica diaguita chilena lleva a los autores a repetir la ya clásica explicación de la misma por la supuesta presencia de "mitimaes diaguitas". Una fecha de radiocarbono sitúa esta construcción en el año 1525.

 

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