Misioneros en San Pablo

Conocé a los chicos sanjuaninos que tuvieron al Papa Francisco muy cerquita

Gustavo Becerra, Marianela Estévez, Cristian Saavedra y Ana Moran son cuatro jóvenes que viven una alegría especial en los últimos días. Tuvieron la oportunidad de estar con el Papa Francisco a menos de dos metros.
sábado, 03 de agosto de 2013 18:31
sábado, 03 de agosto de 2013 18:31

Gustavo Becerra, Marianela Estévez, Cristian Saavedra y Ana Moran son cuatro jóvenes que viven una alegría especial en los últimos días. Tuvieron la oportunidad de estar con el Papa Francisco a menos de dos metros y eso lo grabaron en su mente y su corazón con una gran fortaleza.

Los chicos formaron parte de distintas delegaciones que viajaron a Brasil motivados por la Jornada Mundial de la Juventud. Muchos llegaron este viernes y con ellos la alegría de haber conocido al Sumo Pontífice y haber sentido que su voz estaba dirigida con un mensaje hacia ellos.


Los elegidos

Marianela Estévez, Cristian Saavedra y Ana Moran fueron tres de los más de cien chicos que tuvieron la oportunidad de ingresar a la misa que el Papa brindó a los argentinos en Copacabana. Fue una jornada para ellos inolvidable.

Ana es de Caucete y pudo ingresar a la catedral junto con otros ocho cauceteros más que fueron elegidos al azar para esta ocasión. "Gracias a Dios yo pude entrar al encuentro con los argentinos. Fue algo increíble. De Caucete éramos muy pocos y cuando entramos nos dijeron que después de nosotros ya no entraba nadie más y cerraron la puerta. Increíble cómo se nos fue dando las cosas, era algo inexplicable”, comentó Ana y luego señaló que la frase que los marcó del Papa fue la de "hagan lío”.

Para alcanzar entrar a ese grupo, ella junto a miles de personas hicieron una vigilia en la puerta de la catedral. Allí, y bajo la lluvia que por momentos se tornaba torrencial, los chicos de San Juan armaron refugios de protección y aguardaron varias horas hasta que las puertas se abrieron y pudieron ingresar.

"La vigilia fue increíble pero muy fría. Estábamos bajo la lluvia y no podíamos hacer muchas actividades. Por suerte, al otro día el cielo estaba limpio y todo se compuso. La peregrinación también nos quedó marcada porque fueron once kilómetros de una movida muy fría. Pero creo que lo más hermoso fue ver jóvenes que hablaban en todos los idiomas. Eso hizo que se me pusiera la piel crespita”, recordó la chica quien fue la que movilizó a todos los sanjuaninos bajo la bandera celeste y blanca con la leyenda "Caucete San Juan”.

Por su parte, Marianela compartió la misma alegría. La chica de 24 años pertenece a la Parroquia de Guadalupe y para ella esta experiencia superó ampliamente las expectativas que tenía antes del viaje. "Lo primero que pensas es que vas a ver al Papa pero en realidad nunca te imaginas que lo vas a tener tan cerca. Lo tuve más de una vez muy cerca, a menos de un metro y medio. Fue un hermoso momento. Lo que más me llegó de su palabra fue cuando dijo que no miremos al costado cuando se trata de reconocer a los adultos y a los jóvenes porque los abuelos son el pasada, con toda su sabiduría y experiencia, y los jóvenes somos el futuro con toda  la energía”, señaló Marianela quien aseguró que hubo una segunda frase que la movilizó y es la de "Dejen de balconear la vida”.

Al igual que Ana, esta joven tuvo la oportunidad de ingresar a la Catedral para presenciar la misa con el Papa. Ese momento fue de suma importancia en su vida y fue lo que la hizo reflexionar de que hay que trabajar más en la sociedad para remediar los daños que se hacen a los más pequeños. "A veces uno no ve la miseria que hay cerca de uno, los niños pidiendo y tantas necesidades en la sociedad. Esta jornada me permitió entender que lo que uno ve en zonas muy pobres de Brasil también las puede ver en San Juan, solo hay que querer abrir los ojos. No hace falta viajar tantos kilómetros para que así sea”, sentenció.

Cristian Saavedra tiene 22 años y fue el que más cerca tuvo al Papa entre el grupo de sanjuaninos. Él estuvo a menos de un metro y se acercó a él para saludarlo. "Pasé diez horas para verlo cinco segundos. Sin embargo fue tan fuerte que no lo puedo explicar. Sentí un montón de sensaciones y más que nada porque todos los jóvenes, con diferentes idiomas, nos movilizamos por una misma causa y él estaba ahí”, señaló Cristian quien también se sintió un privilegiado porque afuera de la Catedral quedaron 30 mil jóvenes aguardando por el Papa.

"Se vivió algo que no se puede explicar con palabras. Fue muy fuerte todo lo que vivimos. Lo que más me quedó grabado en el corazón y en la memoria fue la palabra del Papa pidiendo que saquemos un 'cachito de nuestro corazón'. Esa palabra, cachito, es tan argentina que nos hizo sentir identificados mutuamente con él", sentenció el joven notoriamente feliz por la vivencia tenida en Brasil.

Con la misma intensidad
Gustavo es uno de los 58 chicos que viajaron desde la Parroquia de la Bebida en Rivadavia. La delegación salió el 19 de julio y llegó el viernes a la madrugada. Estuvieron diez días fuera de la provincia, que se hicieron largos e intensos.

"Fueron días muy largos porque allá amanece muy temprano. Teníamos dos horas de viaje en colectivo hasta donde estaban los actos centrales que eran en Copacabana. Nos levantábamos a las cinco de la mañana, desayunábamos y de ahí pasábamos de largo hasta las 11 o 12 de la noche que volvíamos a la escuela en Recreiro donde nos alojábamos”, comentó el chico quien confesó que era muy lindo saber que todos los jóvenes estaban unidos por la misma causa.

"Por ahí se escucha que la juventud está perdida y si se dice eso, cuatro millones de jóvenes reunidos por Dios demuestra lo contrario. Lo que sí se necesita es animarnos un poco más y salir como dice el Papa. Él prefiere una iglesia accidentada que una iglesia varada. Animarnos a salir y testimoniar el evangelio es lo que nos pidió y lo vamos a cumplir”, destacó Gustavo para quien la frase más fuerte fue la de "El Papa cuenta con vos”.

Gustavo no tuvo la oportunidad de ingresar a la catedral cuando fue la misa destinada a los argentinos. Él fue uno de los miles de jóvenes que escucharon su voz afuera de la catedral. Sin embargo tuvo la oportunidad de verlo a pocos metros. "Que me mirara fue muy fuerte. Algo que no se puede explicar con palabras. Nosotros estábamos cerca del vallado y no nos imaginábamos que iba a pasar por ahí. Cuando el guardia nos dijo que estuviéramos atentos porque ahí iba a pasar en el auto, no me moví del vallado hasta que lo vi pasar”, comentó Gustavo.

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