Tu sonríes, él sonríe…todos sonríen?

Francisco sonríe, sonríe la Presidente, Barak Obama lo lleva como distintivo, Susana lo hace con dientes demasiado blancos y no falta en conductores de TV, los candidatos a las próximas elecciones muestran amplias sus sonrisas en las boletas.
domingo, 07 de julio de 2013 02:06
domingo, 07 de julio de 2013 02:06

Por: Ivan Grgic

Francisco sonríe, sonríe la Presidente, Barak Obama lo lleva como distintivo, Susana lo hace con dientes demasiado blancos y no falta en conductores de TV, los candidatos a las próximas elecciones muestran amplias sus sonrisas en las boletas, Forrest Gump graba su "smile” en una camiseta y hasta en algunos autos se lee "sonríe, Dios te ama”. Pero no es común en nuestro andar cotidiano. ¿Qué vemos cuando alguien sonríe? ¿Y cuando no sonríe? Más aún, ¿qué vemos cuando nos parece que la presencia o ausencia de sonrisa muestra algo escondido?

La sonrisa es una de tantas formas comunicacionales no verbales, así como cuando nos ponemos colorados, fruncimos el ceño, cerramos los puños o tensionamos el rostro. Cotidianamente "leemos” esos mensajes en aquellos que conocemos mucho como el sonido de pasos que no solo identifica a una persona sino hasta su estado de ánimo, o la forma de abrir la puerta para entrar en una oficina, o el simple silencio.

La sonrisa no siempre muestra alegría sincera, profunda, contagiosa. Hay sonrisas pequeñas, de compromiso, para expresar que "esta todo ok”, pero no mucho más. Hay otras que por su tamaño y volumen indican que algo muy ingenioso y divertido ha tocado lo más hondo y ha permitido sacar fuera mucha tensión. Las mejores sonrisas son las de los niños, tengan 2, 10, 50 u 80 años, esas que brotan de mucha paz interior, que convencen, contagian, animan, empujan y parecen decir "todo va a estar bien”. Estas son reales, creíbles, pero sobre todo desinteresadas, pues no buscan nada, no pretenden ganar. Solo son.

Las otras son las complicadas, aquellas sonrisas que no tienen un origen interior muy confiable y tienen el interés de ganar algo, conseguir una meta luego de lo cual la sonrisa no es necesaria… y el receptor tampoco. Es la sonrisa de vendedores, los que suponen que no veremos el producto ofrecido sino a través de su expresión facial de optimismo y triunfo. Cuántas veces hemos comprado ropa, perfume, vino o un auto ganados por la sonrisa del vendedor sin haber evaluado convenientemente la mercancía.

De todos modos, lo preocupante es aquella compra que hicimos de ideas y valores con buen marketing risueño, sin haber sopesado a conciencia el artículo en venta. Las propagandas de ideas políticas,  ambientales o sociales necesitan de sonrisas que expresen el triunfo, "la posta”, el número ganador. Es más, debe mostrar la persona ganadora, aquella que sabe lo que nadie sabe, que trae lo esperado y anuncia que los tiempos buenos han llegado. Entre estas sonrisas de "winners” están aquellas que no solo manifiestan el triunfo, sino que lo enrostran, "la gozan” con burla contenida, sorna indisimulable y desprecio evidente. Es la sonrisa que el gran Robert De Niro ofrece con Al Capone en "Los Intocables”, en la genial versión de Brian de Palma, con Kevin Costner y Sean Connery. Es al final del film, en el juicio, cuando todo indica que debiera ser condenado y Al Capone sonríe con burla, sorna y desprecio, gesto que "lee” Eliot Ness para descubrir la impunidad arreglada en el jurado. Es lamentablemente común observar ese tipo de sonrisas que superaron las intenciones de vendedores para expresar la de ganadores que no necesitan de nada ni de nadie, que parecen llevarse el mundo por delante, que están seguros de nuestro voto y se creen intocables.

En otro filme, de Rob Reiner con otro increíble Morgan Freeman, "El reencuentro”, Monte Wildhorn (Freeman) le dice a la pequeña Finn mientras le enseña a imaginar y escribir relatos: "Nunca dejes de buscar lo que no está”. La sonrisa es un vehículo que necesitamos tomar cada día, pues no llegamos a ningún lado sin una sonrisa dada o recibida. La cuestión pasa también por buscar lo que no está, lo que conlleva nuestra sonrisa o su ausencia y lo que trae la sonrisa de otros o su ausencia. La sonrisa cotidiana que construye acciones, sueños, y motivaciones es una semilla necesaria sin la cual parece que nada sucedió.

Pero la sonrisa de vendedores será aquella que podremos analizar buscando lo que no está, para examinar bien el producto. En tiempos de elecciones es una obligación, para darle nuestra confianza a quienes atraigan sonrisas de verdad. También en tiempo de evaluaciones como éstos, en los juicios de tantos "Al Capone” que caminan impunemente se deben cambiar las sonrisas que generaron nuestras tristezas y alimentar la sonrisa de la verdad y la justicia, la que trae la paz. Pero sobre todo, es tiempo de la sonrisa de los niños, no importa la edad que tengan, que no busca nada y expresa todo, que convence todo y alienta todo, que no vende nada y gana todo, que engrandece a quien la porta y a quien la ve, y los une en una sonrisa común. Tal vez esa sonrisa sea solo de película. O, tal vez, sea solo los simples.

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