Plantas de la esperanza

Cada día como en la tierra de Wall-E, tenemos plantas que auguran futuros promisorios y basura que quiere atrapar. Cada día, las personas y su entorno salen a buscar como la novedad de la vida.
sábado, 20 de julio de 2013 21:58
sábado, 20 de julio de 2013 21:58

Por: Ivan Grgic

Y… ¿si encontramos el honor? Cuando se encuentra al honor descubrimos una fuerza que nos dignifica como personas y como sociedad. Como toda fuerza interior es inalcanzable a los golpes exteriores; es más, los obstáculos no hacen más que acrecentar la energía del honor. De ahí que F. Nietzsche dijese: "Lo que no mata fortalece”.

Cuando el honor ha tomado sustancia en la persona y en la sociedad, es cuando ha tomado nombre, y quienes lo son se convierten en alguien digno y virtuoso. Se los llama así porque "virtud” viene de "vis” que significa fuerza. Su nombre es su fuerza. ¿Nuestro nombre, NN, San Juan, Argentina, es nuestra fuerza, nuestro honor?

Nuestra historia manifiesta virtud. Allí donde buscamos recuerdos, próceres, orgullos, relatos reiterados que forman una tradición oral digna de compartir. Allí está nuestro nombre porque es el origen de la grandeza verdadera. Y, como en toda virtud, también allí está la raíz de nuestros problemas. Gandhi los sintetizó hablando de los peligros de la virtud humana: la riqueza sin trabajo, el placer sin conciencia, el conocimiento sin carácter, los negocios sin ética, la ciencia sin humanidad, la religión sin sacrificio y la política sin principios. ¿Por qué?

Porque se unen en un perfil con los siguientes condimentos: achanchamiento (perdón por el término) de un grupito y privación de la mayoría, chacota desabrida que crece, tecnocracia irreal, poder progresivo del dinero y las finanzas, desaparición de los afectos verdaderos y trascendentes, hipocresía religiosa y abuso del pueblo por parte de los dirigentes. Obviamente este no es un buen nombre de nadie y tampoco es un camino que lleve a un buen fin.

Hace unos años (2008) la compañía Pixar nos dejó una de las tantas producciones animadas inolvidables: WALL-E (significa ‘Waste Allocation Load Lifter Earth Class’, Elevador para Asignación de Carga Residual Clase Tierra). Narra un lugar en el cual solo ha quedado la chatarra y un elevador. Wall-E ha pasado mucho tiempo compactándola con la única compañía viva de una cucaracha. La tierra, habitada por esos peligros nombrados por Gandhi, ha perdido su nombre, su virtud y su honor, pero no ha perdido su esperanza: basta limpiarla, ordenarla y darle la libertad verdadera que le permita recomenzar.

Mientras tanto, los pocos humanos que quedaron vivos, subieron lejos de la tierra con las mismas condiciones de la partida: les ha quedado una gordura que les imposibilita caminar, una estrechez de miras que les cierra la mirada a la libertad, una esclavitud de todo tipo que los mantiene encerrados en su nave. Por eso, cuando se acercan a la tierra y EVA descubre una planta viva, signo que debiera atraer la nave a tierra para recomenzar, se desarrolla una lucha entre la computadora y el capitán enfrentados en la decisión de volver. La nave quiere mantener su "idiocracia” (título de otra interesante película). El Capitán ha recordado su origen de persona digna y honorable. Mientras tanto, se va presenciando una historia de relación entre Wall-E y Eva que nos emociona. Y Peter Gabriel con la canción de la película (http://www.youtube.com/watch?v=7XOE93jnG0k) nos pregunta si bajaremos a la tierra.

La vivencia de los peligros de la virtud humana conforma lo opuesto al honor, a la dignidad y al nombre de una persona o de una sociedad. No es pequeño su desafío tanto porque reta a cada individuo en su cotidianeidad, a cada dirigente en su responsabilidad y a cada sociedad en su tránsito histórico, como porque los afronta en coyunturas como en tiempo de elecciones. Como el capitán B. McCrea de la nave en Wall-E, tenemos dos imágenes ante cada uno: el honor que surge de los símbolos del pasado y la planta viva que nos orienta la esperanza del futuro. Y, en medio, la voz de sirena que atonta para continuar lejos de nuestro mejor nombre.

Esta metáfora no simboliza el instante del cuarto oscuro en medio de tantas boletas partidarias, sino las coyunturas históricas, esas épocas en las que sentimos la tensión de los desafíos, el llamado del futuro, el empuje de las decisiones importantes. Leemos acerca de la crisis en Europa, las urgencias del papa Francisco, la herencia de Mandela en Sudáfrica, las manifestaciones populares en Brasil. Y en verdad, cada día como en la tierra de Wall-E, tenemos plantas que nos auguran futuros promisorios y basura que nos quiere atrapar. Cada día, las personas y su entorno salen a buscar como Eva la novedad de la vida. Cada día se pone en juego nuestra virtud humana y sus peligros, dos posibles sociedades que salen de nuestras manos.

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