Manifestación de fe

Beatificaron a Sandra Sabattini, una joven novia comprometida con los más humildes

En la Jornada Mundial de las Misiones, el Papa Francisco invitó a los fieles a mirar el ejemplo de la beata italiana. Este sábado se beatificó a otra italiana, Lucía Ripamonti. Son "testigos que anunciaron el Evangelio con su vida", señalaron.
domingo, 24 de octubre de 2021 11:46
domingo, 24 de octubre de 2021 11:46

Este 24 de octubre, domingo mundial de las misiones, y tras haber rezado la oración mariana del Ángelus en la plaza de San Pedro, el Papa Francisco dedicó unas palabras especiales a dos nuevas beatas de Italia: 

"Ayer fue beatificada en Brescia Sor Lucía de la Inmaculada, religiosa de las Siervas de la Caridad", dijo el Santo Padre describiendo a la religiosa como "una mujer gentil y acogedora, que murió en 1954 a la edad de 45 años, tras una vida dedicada al servicio de los demás, incluso cuando la enfermedad había debilitado su cuerpo pero no su espíritu".

Y hoy -continuó el Pontífice- será beatificada en Rimini Sandra Sabattini, estudiante de medicina que murió en un accidente de coche a los 22 años: joven alegre, animada por una gran caridad y por la oración diaria, se dedicó con entusiasmo al servicio de los más débiles siguiendo el carisma del Siervo de Dios Don Oreste Benzi.

Para ambas, el Obispo de Roma pidió un fuerte apaluso: "Aplaudamos a las dos beatas. ¡Todos juntos!".

Jornada Mundial de las Misiones

Teniendo en cuenta que hoy se celebra la Jornada Mundial de las Misiones, Francisco pidió a los fieles que miren a estas dos nuevas beatas "como testigos que anunciaron el Evangelio con su vida".

Además, el Pontífice saludó con gratitud a los numerosos misioneros (sacerdotes, religiosos y religiosas, y fieles laicos) "que gastan sus energías en el servicio de la Iglesia de Cristo, entregando en primera persona -a veces pagando un gran coste - su testimonio".

Y lo hacen -añadió el Papa- no para hacer proselitismo, sino para dar testimonio del Evangelio en sus propias vidas en tierras que no conocen a Jesús: "¡Muchas gracias a los misioneros! ¡Un gran aplauso para ellos también, todos!".

Quién fue Sandra Sabattini

Hija espiritual de Don Oreste Benzi, Sandra (1961-1984) respiró la fe desde temprana edad, ya que vivía con su familia en la rectoría de su tío sacerdote en Rimini. De niña siempre llevaba consigo un rosario. La abuela contaba que por la noche siempre encontraba a su nieta dormida en la cama con el rosario en las manos. Sandra se levantaba temprano para rezar ante el Santísimo antes de que otras personas llegaran a la iglesia. A los 14 años, en las Dolomitas, participó en un encuentro de la Comunidad Papa Juan XXIII con personas con discapacidad severa que le cambió la vida. Regresa entonces a casa con las ideas claras: “Nunca abandonaré a esas personas”.



El Santo Padre Francisco en su mensaje para esta Jornada de las Misiones recuerda que “la historia de la evangelización comienza con una búsqueda apasionada del Señor que quiere entablar un diálogo de amistad con cada uno”. El secreto de Sandra era ese, tenía una profunda amistad con el Señor. Una relación intensa que se reveló sólo después de su muerte, cuando se recopilaron sus escritos que ella sembraba en trozos de papel, postales o en diarios ahora recogidos en el libro “El diario de Sandra”.

A los 16 años escribió: “Señor, me diste un gran regalo, el de tener ganas de dar mi vida a los más pobres. Te doy las gracias por esto, porque, aunque todavía no lo he explotado, has depositado en mí este gran regalo. Espero poder hacerlo fructificar y espero poder entender cómo”. Como tantos jóvenes, Sandra tenía sed de justicia, pero no de la que da el mundo. En su diario escribía también: “Así que ahora se trata de una cosa: elegir. Diré, ‘sí, Señor, elijo a los más pobres, pero de nada sirve si todo es como antes. No. Ahora digo, ‘te elijo a ti’”. Un regalo inusual de sabiduría para una mujer tan joven.

El tema del Domingo de las Misiones 2021 es, “No podemos callar lo que hemos visto y oído” (Hechos 4, 20). Sandra Sabattini fue fiel a lo que había visto y comprendido después de aquel primer encuentro con discapacitados en las Dolomitas. Durante la escuela secundaria, siguió ocupándose de los pobres y concienció a toda la comunidad parroquial sobre las necesidades de las personas discapacitadas. Cuando un pobre llamaba a la puerta de su casa, si consideraba que su familia no le había dado suficiente, ella corría detrás de la persona para completar el donativo con sus ahorros.

Durante un tiempo vivió en una casa de acogida en el verano de 1982, donde trabajó como voluntaria en una comunidad terapéutica para drogadictos. En aquella época, las drogas estaban muy extendidas y, por ello, la asociación de Don Benzi abrió varias comunidades para responder a las necesidades de muchos jóvenes dependientes. Sandra tenía un gran sentido de la justicia. “Si realmente amo, ¿cómo puedo soportar que un tercio de la humanidad muera de hambre, mientras mantengo mi seguridad o mi estabilidad económica? Seré una buena cristiana, pero no una santa. ¡Hoy hay una inflación de buenos cristianos mientras el mundo necesita santos!”.

Tras terminar secundaria se planteó si partir inmediatamente a África o matricularse en Medicina. Tras un discernimiento con su director espiritual, el padre Nevio Faitanini, y la confirmación del padre Benzi, se inscribió en la Facultad de Medicina de la Universidad de Bolonia en 1980. Se dividía entre estudio, familia, trabajo y compartir con los pobres. A pesar de la gran cantidad de trabajo, nunca descuidó sus estudios y en cada examen obtienía excelentes notas.

La mañana del 29 de abril de 1984, mientras se dirigía a una reunión de la Comunidad Papa Juan XXIII, Sandra fue atropellada por un automóvil. Estuvo en coma durante tres días y el 2 de mayo abandonó esta tierra. Tenía solo 22 años. En la última página de su diario, dos días antes del accidente, Sandra dejó su testimonio espiritual: “Esta vida no es mía. Esta vida, que va evolucionando por un respiro que no es mío, transcurre en una serena jornada que no es mía. No hay nada en este mundo que sea tuyo. ¡Sandra, date cuenta! Todo es un regalo en el que el ‘Donador’ puede intervenir cuando y como quiera. Cuida el regalo que se te ha dado haciéndolo más hermoso y pleno para cuando sea la hora”.

Fuente: Vatican News/ Fides.org

Comentarios