Historia

Ricardo y Nahuel, los sanjuaninos que comparten entre barras y anillas los desafíos de ser padre e hijo

Ricardo Martínez es entrenador de su hijo Nahuel, quien actualmente integra la Selección Argentina de Gimnasia Artística. En ese contexto, comparten el amor de la familia y los desafíos de entrenar juntos y conformar un equipo.
domingo, 16 de junio de 2024 10:55

Para ellos, la relación no sólo se comparte en la casa o en los momentos familiares, sino que su historia se forja entre barras, paralelas y anillas dentro del gimnasio. Así es la vida de Ricardo y Nahuel Martínez, padre e hijo entrenador y gimnasta artístico respectivamente, que este Día del Padre lo celebran de una manera especial, repasando lo que juntos supieron construir y los sueños que aún quedan por alcanzar. 

Ricardo fue gimnasta, pero en su juventud la disciplina no tenía en San Juan el desarrollo que actualmente alcanza. Por eso, tras muchos años de deportista se convirtió en entrenador de mujeres en la disciplina. Por su parte, a la corta edad de 4 años, Nahuel comenzó a entrenar siguiendo los pasos de su padre, quien años después se convirtió en su entrenador acompañándolo hasta la actualidad. Juntos construyeron un equipo del que ninguno de los dos se quiere separar. 

"Yo estoy hecho a su medida y él a la mía", confesó Nahuel a Diario La Provincia SJ, cara a cara con su padre a quien considera "un maestro de la vida". "Empezó a los cuatro años, siguió entrenando y después de tener unos buenos resultados en torneos a nivel nacional decidí dedicarme a la rama masculina que son dos cosas totalmente distintas. A partir de ahí dejé de entrenar a mujeres y empecé a entrenar a varones, empecé con unos 4 o 5 varoncitos de los cuales dos llegaron a élite que sería el máximo nivel que se puede llegar a gimnasia artística. A los 13 años Nahuel empezó ya en el seleccionado argentino y desde entonces intensificamos los entrenamientos", comenzó contando Ricardo a este medio. 

De esta manera, ambos demostraron que los grandes cambios en sus vidas estuvieron motivados por el crecimiento del otro. Mientras que Nahuel transformó la tarea de su padre, su padre supo forjarlo para que alcanzara todos los objetivos propios que se propusiera. 

Es así que la labor de Ricardo trasciende la barrera de la paternidad y se permite conocer y entender a su hijo en otras facetas, aunque eso también le presenta desafíos. "Mientras que Nahuel iba creciendo yo también iba creciendo como entrenador, eso es lo bueno de estas relaciones, que nos permite no solamente crecer como gimnasta sino también a mi crecer como entrenador", expresó con orgullo.

"Con él empecé a entrenar cuando tenía 7 u 8 años y entrené con chicas hasta hasta los 14 o 15 en equipo mixto. Entré e élite a los 15 y ya veníamos con un proceso de muchos torneos.  El salto de nivel que yo hice de un nivel más bajo a élite es muy difícil y hubo un entrenamiento muy específico. En la Selección hay como mucho siete provincias, así que cuando entramos por primera vez con un programa de entrenamiento específico, disfrutamos mucho ese logro y hasta ahora nos mantenemos ahí", agregó el joven de 21 años, refiriéndose a su padre como su coequiper.

"Si ya tenemos mucha historia por ser padre hijo, más historia porque venimos compitiendo desde hace muchísimos años. El primer nacional que hicimos juntos fue en el 2010 en Carlos Paz y desde ahí hemos ido todos los nacionales que han sido 14", añadió. Ambos se conocen a la perfección, Nahuel sabe muy bien cuando compite, lo que siente y hace su padre, mientras que su referente sabe cuándo debe estar a su lado y cuándo dejar el plano para la confianza de su hijo. 

"Mucha experiencia con otros entrenadores no tengo, pero si veo con la conversación con otros chicos que el vínculo es distinto, es un poco más interno, más paternal. Yo tengo más de confianza con él que con otros que los otros gimnastas, así que es una relación distinta. Sin embargo, hay que prender a llevarlo porque estamos cinco horas acá y después llegamos a mi casa y seguimos juntos. El entrenamiento también es estar con mi papá", expresó el joven que además de ser deportista de alto rendimiento estudia el profesorado de educación física. 

Por el lado de Ricardo, confesó que también siente como una verdadera prueba entrenar a su propio hijo, pero es una tarea que lo llena de satisfacciones y nuevos desafíos en el día a día. "Es un orgullo para cualquier entrenador y mucho más si es tu hijo, pero aparte es un gran compromiso porque no es lo mismo lo que reclama cualquier deportista que lo que reclama un hijo. Uno tiene que estar al pie del cañón, tiene que estar siempre atento a las cosas implica, mucho estudio, también a veces muchas peleas porque van creciendo y van haciéndose cada vez más grande", reveló. 

Pese a todo ello, es que día a día siguen eligiéndose a tal punto que Nahuel vivió varios entrenamientos en Buenos Aires, pero eligió volver para continuar conformando el equipo con su padre. "Yo en el gimnasio y en casa lo veo como un gran profesor, que brinda todo lo mejor de él para enseñarnos. Con todo eso trabajo, lo tomó y mejoro día a día", cerró Nahuel. 

Mientras que Ricardo, mirándolo a los ojos, le dijo: "En este deporte lo que se ve es el defecto, porque lo que se trata de corregir es el defecto para llegar a la perfección. Como entrenador, no es la parte que uno debería tener como padre marcando todo el tiempo los defectos y las cosas que se hacen mal. Eso sí me gustaría aclararle a Nahu, más allá de que uno se siente orgulloso, este es el papel que me tocó. Hubiese sido mejor como padre no estar tan pendiente de los defectos y sí estar mucho más pendiente de las virtudes, pero siempre estuve y estoy muy orgulloso de él y mis hijas". 

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