Felicidades

Ramona Oro, con 74 años cumplió el sueño de festejar su cumpleaños

Ramona Oro no tiene familia y vive en un ranchito en Angaco. Hace unos días cumplió 74 años y un grupo de enfermeras le festejó el cumpleaños, algo que no celebraba desde hacía años.

Una gran torta rosada decorada con su nombre "Ramo", cosas dulces, sandwich y papas fritas, jugo, globos y un cartel que decía ¡Feliz cumple!. Sólo eso bastó para generar una de las mayores alegrías que ella pudo tener en estos días. Ramona Oro cumplió uno de los sueños que mantenía con más fuerza en los últimos años: festejar su cumpleaños rodeada de gente que le expresara su afecto. Algo que para muchos puede resultar común, para ella era algo deseado pero con el paso de los años iba perdiendo fuerzas. Sin embargo un grupo de jóvenes decidió mostrarle que las esperanzas nunca se deben perder y que, a pesar que uno se sienta solo en esta vida, siempre hay alguien que nos quiere. 

"Somos un grupo de estudiantes de enfermería haciendo nuestras prácticas comunitarias en el departamento Angaco. En la salidas a terreno la conocimos. Decidimos darle este regalo porque venia su cumpleaños y no tenía nada y a nadie para festejarlo. La mayoria somos mujeres y esto nos tocó el alma porque tenemos mamás y abuelas", contó a Diario La Provincia, Verónica quien forma parte de un grupo de enfermería bajo la dirección del Hospital Alfredo Rizzo Esparza.

Ramona Oro nació el 31 de agosto de 1943 en Mogna, no tiene hijos y cuenta con algunos hermanos a los que no ve por diferentes motivos. Ella vive en calle San Juan y Aguilera, en Angaco, y lamentablemente desde hace años habita una humilde vivienda que le hace los inviernos más duros y los veranos insostenibles, más por su edad.

"Verla en esta situación, con techo roto, paredes de bolsas y adobes, nos movilizó. De ahí le fuimos llevando calzado, abrigo y comida los dias miércoles y jueves", narró Verónica quien destacó que allí "los espacios vacíos sobran" a pesar de que vive a menos de un kilómetro de la plaza departamental.

Cuando este grupo comenzó sus prácticas comunitarias en Angaco jamás pensó que se iban a comprometer tanto. Sabían que la realidad social a la que se iban a enfrentar era muy dura pero eso no los frenó y siguieron adelante. Ramona fue precisamente las que las impulsó a seguir con esas ganas de ayudar y la devolución fue increíble. La abuela no dejó de reir ni un minuto con la sorpresa y su felicidad se vio reflejada en cada palabra que pronunciaba.

"Ella lleva sus días sola, muchas veces sin poder consumir un alimento caliente, sin un casa propia que la abrigue en sus días, nos recibió con un cariño, un amor de madre, abuela, que nos llenó el alma, que nos marcó para el resto de nuestras vidas", expresó.

 

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