Por Raúl Moreno. Contador Público. MBA
El rey Jacobo I dirigió los destinos de Inglaterra desde 1581 hasta su muerte en 1625, su reinado se habría caracterizado por su política absolutista y su irresponsabilidad financiera que, tal vez, fueran las causantes de la Guerra Civil Inglesa de mediados del siglo XVII.
Allá por 1616, el rey Jacobo I, escribió la frase “No news is better than evil news” (“No tener noticias es mejor que las malas noticias”), frase que posteriormente se acortó a “No news is good news” (“No tener noticias es buena noticia”). La frase es usada frecuentemente para reflejar que algo está tan mal que cualquier nueva noticia sería indefectiblemente mala. Tal vez el hecho de que algunas variables económicas se hayan calmado (como el valor del Dólar Blue) y por lo tanto, no estemos bombardeados por noticias sobre su comportamiento, nos dé la sensación que algunas cosas en la economía están mejorando, no significa que hayan mejorado, es que ya no nos sorprende lo mal que están.
No es que la economía argentina haya dejado de caer, que no siga destruyendo empleos ni alterando la vida de la gente, sino que esta situación se ha convertido en cotidiana.
Llevamos siete años conviviendo con una inflación anual de dos dígitos, la inflación ya está en nuestra manera de pensar, en los contratos que firmamos, como algo completamente normal.
A nadie le extraña que aumente un producto en el supermercado, ni la nafta, ni el GNC, ni el dólar, es, simplemente, que nos hemos acostumbrado a convivir con ello.
También nos parece bastante razonable que nuestro país se siga endeudando a tasas de dos dígitos, a pesar que castigamos con el mote de “buitres” a los que pretenden cobrarnos un interés de dos o más dígitos
Hace casi un año que la CAME (Confederación Argentina de la Mediana Empresa) viene informando que las ventas en unidades cayeron en relación al año anterior, pero hace más tiempo aún que el Colegio de Escribanos informa que las escrituras por transferencia de inmuebles son menores que el año anterior.
A algunos nos sorprendía, a mitad de año, que nuevamente se pusiera de moda la palabra “Default”, y esperábamos que Argentina pagara sus obligaciones o negociara. Hoy, a casi 6 meses de ese incidente ya nuestras expectativas son mucho menores y, la ilusión que en Enero se pueda salir del Default se va desdibujando.
A nadie le sorprende ya que nuestro país tenga la presión impositiva total (nación más provincias) más alta de toda Latinoamérica y tan alta como los países más desarrollados, aquellos países donde la responsabilidad del Estado en el nivel de la educación, la seguridad y la economía todavía está presente.
A nadie le sorprende que en una República “Federal”, cada día sean menos los impuestos coparticipables que la Nación devuelve a las provincias, apenas 1 de cada 4 pesos que recauda. Tampoco sorprende que esta semana se conociera que el déficit fiscal acumulado hasta Septiembre de 2014 aumentara un 145% con relación al mismo período del año pasado.
Este Estado voraz que no encuentra saciedad con la recaudación récord, ni con los ingresos previstos por la nueva ley de hidrocarburos, ni con el swap chino, ni con la liquidación de divisas récord del complejo exportador de granos, ni siquiera con la exitosa subasta de frecuencias de espectro para servicios de comunicaciones de tercera y cuarta generación, manifiesta, en el foro mundial donde tiene posibilidad que los “fondos buitres” quieren liquidar al país.
Mientras todos miramos como acostumbrados como las cosas cambian, esperando que no nos pase como el pobre animalito de la parábola de la rana y la olla de agua hirviendo.