Teatro

Federico Buso, el sanjuanino que crece en Buenos Aires de la mano del teatro

El sanjuanino comparte escena con Muriel Santa Ana y Diego López Domínguez en una obra de teatro que recibió muy buenas críticas nacionales.

"Es que las cosas te van pasando", dice muy tranquilamente el actor, dramaturgo, cantante y director Federico Buso cuando hace un breve repaso de su historia profesional. Este profesor de educación física, nacido en San Juan, llegó a Buenos Aires a los 22 años y de pronto descubrió el mundo de la comedia musical. Se formó, entre otros, con Ricky Pashkus, Mariano Moruja, Carlos Gianni y, de inmediato, comprendió que también le interesaba el teatro. Se integró primero a un grupo que conducía Julio Ordano y luego de ver Gore, la pieza de Javier Daulte, decidió que completaría su formación actoral con él.

Actualmente se lo puede ver como intérprete en Los ojos de Ana, de Luc Tartar, en el Espacio Callejón, y como autor y director acaba de estrenar, en la misma sala, Bichas, una experiencia que está interpretada por Muriel Santa Ana, Maida Andrenacci, Julián Calviño y Diego López Domínguez.

La obra surgió de un taller que el creador realizó con Ariel Farace. "Extrañamente apareció el mundo sanjuanino -comenta-. Sentí deseos de contar una historia que sucediera allá. Dos hermanos que se reencuentran después de estar un tiempo distanciados. Me interesó mostrar el amor que se tienen y lo difícil que se les hace llevarse bien. En el medio aparecieron amigos, escaladores, serpientes. Será que a veces nos enroscamos como las serpientes y se nos hace difícil salir a la luz. Tomé muchas cosas de gente que conozco en mi provincia. En los personajes veo aspectos de seres queridos. El proceso de escritura fue muy rápido y, de inmediato, empecé a ensayarla. Como soy actor tuve mucha necesidad de ver situaciones emocionales, divertidas, disfrutables a la hora de la interpretación."

Esta no es la primera experiencia dramatúrgica que concreta Federico Buso. En 2010, junto a Florencia Braier y Walter Jakob construyeron El animador, obra que dirigieron entre los tres. Luego fue el turno de La intención de las palomas (2015), un unipersonal que él mismo recreó bajo la dirección de Fernando Ferrer.

"Cuando empecé a escribir comencé a dialogar y, de repente, descubrí que eso me divertía mucho -explica Buso-. Y de inmediato apareció la figura del director y entendí que la escritura se tornaba más inquietante porque necesitás que algo haga síntoma más adelante, empezás a jugar con cierta cuestión matemática. Buscás cómo engañar un poco al público. Sabés qué es lo que conviene ocultar o callar. Es como decirle al espectador: «Te tiro una puntita, pero la vamos a desarrollar más adelante»."

Si en un comienzo la actividad de Federico Buso parecía encaminarse por el lado del musical, eso poco a poco fue corriéndose de su camino. La actuación, sobre todo, es el espacio en el que más le gusta desarrollarse. "Me produce una linda adrenalina. Quisiera actuar más seguido. No me gusta hacerlo sólo una vez por semana. Quiero actuar en cosas que emocionalmente me muevan. Veo Bichas y pienso qué es lo que quería contar y lo estoy contando. Y esa misma sensación es la que necesito tener en otros trabajos y si en alguna obra tengo que cantar, lo hago, porque eso me sigue interesando."

Actualmente ensaya La luz es un pozo, de Laura Paredes, y Swat, de Sebastián Irigo, proyectos que se estrenarán próximamente. Y "como las cosas le van pasando", también se ocupa de gestionar junto a Javier Daulte la sala Espacio Callejón.

Fuente: La Nación
Comentarios